/Alfredo Boulton, una trayectoria fotográfica
Alfredo Boulton [y Rafael Romero] en la GAN, 1994 : Ramón Grandal ©Archivo Fotografía Urbana

Alfredo Boulton, una trayectoria fotográfica

Por María Teresa Boulton

Alfredo Boulton es reconocido como crítico y editor, pero fue sobre todo un gran fotógrafo. La obra que cultivó le convierte en un pionero, clave en el estudio de la historia de la fotografía moderna venezolana.

Ya con este presentimiento, María Teresa Boulton –durante el año 1980– visitó a su tío paterno en Los Guayabitos (Caracas). En un documento hasta ahora inédito, el fotógrafo recordó en esta entrevista el inicio de sus inquietudes artísticas a partir de un viaje a París en 1922. A la par de las historias personales y familiares, Boulton explicó cómo los usos de la fotografía –con el paso de las décadas– fueron tomando un carácter cada vez más aguerrido.

“El despertar de la imagen como protesta o documento social –detalla Boulton más adelante en la conversación– viene a realizarse a partir del final de los años treinta, y eso fue través de la fotografía, no de la pintura. Los medios de impresión facilitan esta situación. La fotografía en esa época era una actividad pacífica y estética, por lo menos dentro del medio nuestro. Luego se volvió una actividad sumamente agresiva como medio reporteril. Pero eso ya viene hacia el 46, con Medina, cuando hay una apertura política mayor”.

Sobre la hoy usual relación entre la palabra escrita y la imagen hay otro hallazgo valioso: Boulton recordó sus colaboraciones con Carlos Augusto León en 1948 y Antonia Palacios en 1955. En este sentido es de suma importancia recordar sus valiosos aportes: “las primeras fotografías que se usaron para textos literarios fueron mías. Carlitos León me pidió unas ilustraciones para unos poemas llamados La niña de la calavera… Luego ilustré Viaje al frailejón de Antonia, el cuento de Meneses ‘La mano junto al muro’ y uno de Antonio Arráiz”.

Sin duda, el hallazgo de esta entrevista es un documento significativo para empezar a conocer cada vez más las dimensiones de la obra fotográfica de Alfredo Boulton.

María Teresa Boulton: Alfredo, dime: ¿por qué, cuándo y cómo empezaste a tomar fotografías?

Alfredo Boulton: Estando en París, en 1922, mi tío Henry me regaló una camarita Kodak, con ella me iba al bosque de Boloña y tomaba algunas fotografías de los lagos que me resultaron bastante buenas, por lo menos así lo pensaba yo. Luego seguí tomando fotografías, un poco por tradición familiar; en casa, desde varias generaciones, nos han gustado las cosas bellas, las cosas de gusto, las cosas de arte; yo creo que en mi formación eso ha contribuido muchísimo. Luego, mientras seguía mis estudios, continué tomando fotos. Un día compré otra cámara y entonces ya me empezó a interesar la fotografía como evento de imagen, para realizar una imagen de cierto tipo de belleza a través de este medio de expresión. De regreso a Caracas, ya en 1927, tenía mi pequeño laboratorio y utilizaba a mis hermanos como modelo, sobre todo a las hembras: Margot y Anita eran muy teatrales. Luego me casé y le hice a Yolanda, mi mujer, y a Sylvia, mi hija, una serie de fotografías ya dentro del concepto de la imagen de arte que se desarrollaba en Estados Unidos y en Europa.

Autorretrato, ca. 1940: Alfredo Boulton, Archivo Fotografía Urbana ©Alberto Vollmer Foundation Inc

MTB: Y después, cuando volvieron, hiciste fotografías en el país.

AB: Más tarde, con Yolanda, hicimos un viaje por Los Andes (descubrí esa región en ese viaje). Edité un libro, Imágenes de Occidente de Venezuela (1940), con fotografías dentro del concepto estético de la imagen y de la composición, utilizando los valores del blanco y negro, los grises, los contrastes, etcétera. Ese fue un libro de sólo 100 ejemplares que repartí entre mis amigos. Yo fui de los primeros que tomó desnudos en Venezuela. Iba a la Escuela de Arte, donde estaban Francisco Narváez, Alejandro Otero, todos mis amigos, a fotografiar a las modelos o los modelos. A veces los contrataba y me los llevaba al taller de Francisco. Mi primera exposición fue en el Ateneo y había mucho interés en el público por ver las fotografías. Luego expuse en el Museo de Bellas Artes fotografías de la isla de Margarita. También participé en 1940 en una colectiva del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Igualmente, las primeras fotografías que se usaron para textos literarios fueron mías. Carlitos León me pidió unas ilustraciones para unos poemas llamados La niña de la calavera (1948)… Luego ilustré Viaje al frailejón (1955) de Antonia, el cuento de Meneses ‘La mano junto al muro’ y uno de Antonio Arráiz”.

Los Andes venezolanos, ca. 1939: Alfredo Boulton, Archivo Fotografía Urbana ©Alberto Vollmer Foundation Inc

MTB: Explícame: ¿Cuál era el ambiente fotográfico de esa época en Caracas? ¿Con quién te reunías? ¿Quiénes eran los otros fotógrafos que conocías?

AB: Estaban los fotógrafos profesionales, como Torito, Ramírez, O´Brien y Pietri; y reporteros, como el Gordo Pérez, Superman, el viejo Avilán. Tovar y Tovar abrió un taller fotográfico con el padre de Tito Salas. En Caracas era muy frecuente que la gente fuera a pasear los domingos en la Plaza Bolívar y como pasatiempo se hiciesen retratar. Iban al estudio de los fotógrafos, por ejemplo, donde Ramírez, o también O´Brien y Pietri, y entonces se fotografiaban con sus amigos. Era una costumbre como ir a la retreta de la Plaza Bolívar. Es por eso que hay tantas fotografías de ese momento, la colección de Torito en ese sentido es vastísima.

MTB: ¿También había fotógrafos paisajistas?

AB: Había un paisajista muy bueno, anterior a mi época, que se llamaba Carlitos L´Enfant, pero era una excepción, en realidad la fotografía paisajista la desarrollamos nosotros como aficionados.

MTB: Pero regresando a nuestro tema: ¿Quiénes eran los de ese grupo de aficionados que se reunían a tomar fotos?

AB: Bueno, estaba Guillermo Zuloaga, a quien le debo mi aprendizaje técnico; estaba Ignacio García Gómez, Carlos Herrera, Luis Álvarez de Lugo, Juan Avilán y Ricardo Razetti un poco más tarde. Me acuerdo que Ignacio García Gómez y yo nos íbamos a veces con Carlos Herrera los sábados y los domingos a pasear por La Urbina, por esos cerros de Baruta, era todo muy tranquilo.

Ricardo Razetti, 1941: Alfredo Boulton, Archivo Fotografía Urbana ©Alberto Vollmer Foundation Inc

MTB: Pero entonces sí había un movimiento de fotógrafos, hasta se podría llamar un movimiento cultural.

AB: Indudablemente, y tan era así que había dos buenas tiendas para fotógrafos aficionados, Caraballo Gramcko y E. Lucas y Cia. Lo que te prueba que ya el público tenía tanto interés como para que dos comercios se dedicasen exclusivamente a la venta de productos fotográficos. Estas reuniones que organizábamos eran improvisadas, no nos reuníamos solo con el propósito de conversar sobre fotografía. Nos unía un tipo de actividad que nos permitía hablar de miles de cosas, por ejemplo, de Juan Vicente Gómez. No teníamos el afán de hoy en día por la parte tecnológica. Comparábamos nuestras fotografías e inventábamos excursiones a lugares como Guarenas, Guatire, Antímano. Éramos todos de diferentes actividades, lo que nos unía era el interés común por la fotografía artística.

MTB: Cuando salían a tomar fotografías de la gente del campo, ¿había un interés por la vida que ellos llevaban?

AB: No, por la foto de tipo social no. Hicimos muchas fotos que hoy en día podrían llamarse de tipo social, pero para nosotros el campesino o campesina eran estéticamente muy bellos. Nada del fotorealismo actual. Fíjate que los primeros fotógrafos mexicanos utilizan al ser humano como razón estética, como hubiesen utilizado una flor, no como un documento de realidad social.

MTB: ¿Cómo pudo haber influenciado la dictadura de Gómez en esta actitud de los fotógrafos?

AB: De ninguna manera. Si tú comparas los periódicos de Europa, Estados Unidos y Venezuela, en el período de Gómez son pocos los que usan el documento gráfico. Tienes un excelente ejemplo en El Cojo Ilustrado, que fue una revista literaria muy buena, pero de valor pictórico bastante mediocre. El Cojo Ilustrado se nutría de imágenes enviadas de Francia, principalmente de los cuadros más “pompiers” que podían existir. De vez en cuando sacaban una fotografía –por ejemplo, de Avril– que era del paisaje caraqueño.

MTB: Pero Avril sí hizo unas fotografías que tenían una intención de ser “fotografía social”.

AB: Yo no diría que esa fue la intención de Avril cuando las tomó. El despertar de la imagen como protesta o documento social viene a realizarse a partir del final de los años treinta, y eso fue través de la fotografía, no de la pintura. Los medios de impresión facilitan esta situación. La fotografía en esa época era una actividad pacífica y estética, por lo menos dentro del medio nuestro. Luego se volvió una actividad sumamente agresiva como medio reporteril. Pero eso ya viene hacia el 46, con Medina, cuando hay una apertura política mayor. Lo que es importante recalcar es el impulso que tomó la fotografía de arte en Venezuela por la aparición de varias revistas de arte. Elite, por ejemplo, pero no el de ahora, que es una revista pornográfica, sino el de antes que era una revista artística. También El Farol y de las petroleras la Revista Shell. En esas publicaciones se incluían fotografías artísticas y nosotros colaborábamos con ellas. En ese tiempo los medios de difusión principales de las fotografías eran esas revistas, las exposiciones del Ateneo de Caracas y el Museo de Bellas Artes.

Pescadores en la faena, ca. 1943-1950: Alfredo Boulton, Archivo Fotografía Urbana ©Alberto Vollmer Foundation Inc

MTB: ¿Qué piensas tú de la fotografía hoy en día?

AB: La fotografía ha entrado en el campo de muchas otras disciplinas en las cuales antes no tenía entrada. La fotografía ahora es una expresión sumamente voraz en cuanto a la ampliación de lo que puede ser su campo. Hasta conocemos los planetas solares a través de la fotografía. Actualmente, la fotografía no se ha quedado limitada a la expresión artística y eso es sumamente importante: ir apoderándose de otros medios de expresión. Aunque la analogía no es feliz es como comparar lo que antes se hacía en la plástica con el happening que, aunque no es pintura, es considerado una expresión plástica estética. ¿Ves cómo llega la expresión estética a campos que ni siquiera antes se podía hacer cargo? La imagen fotográfica ha ido acompañando este movimiento y ha ido entrando en una serie de esferas. Por ejemplo: ni siquiera sabemos cuáles son los terribles secretos que las grandes potencias tienen archivados en fotografías. También la fotografía ha llegado a sustituir al propio texto, lo que antes era propio de la palabra escrita. En cuanto a las viejas reglas académicas usadas en composición de la imagen creo que es algo que va quedando atrás. Así como la pintura ha cambiado su lenguaje expresivo tradicional en mil otras formas, yo creo que también la fotografía artística tiende a dejar las viejas reglas académicas para expresarse de una nueva manera.

 

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