/Tito Caula: la obsesión del oficio
Modelo en el estudio, circa 1970 / Fotografía de Tito Caula ©ArchivoFotografíaUrbana

Tito Caula: la obsesión del oficio

Por Johanna Pérez Daza

“Tito veía el mundo a través de su cámara, el lente era su ojo y, consecuentemente, la vida de mi padre era la fotografía. No recuerdo un viaje, una fiesta, un día en el que no tuviéramos una cámara cerca”

“En una entrevista que Vasco Szinetar y Lorena Gónzalez le hicieron a mi madre sobre Tito, ella dijo: …las mejores fotos de Caula las había visto en esto [Amparo puso sus dedos en forma de “eles” formando un encuadre frente a su rostro]. Nosotros íbamos por la calle caminando y él me decía: “mira que foto maravillosa”. Siempre, siempre, él iba viendo lo que ocurría fotográficamente”
Ana María Caula

Comprender, encuadrar, decidir. Vivir es acumular recuerdos y sumar experiencias. Tener conciencia de esto puede convertirse en un impulso y, en ocasiones, una obsesión. Es el caso de fotógrafos como Tito Caula a quien podríamos caracterizar como un coleccionista de momentos y un narrador visual en el que vida y obra se funden y confunden.

Imaginar, capturar, difundir. Desde la fotografía de encargo encontró una grieta para expresarse y dejar un rastro autoral, una intención que, paulatinamente, podemos identificar como un sello distintivo o su marca personal. Sin ataduras ni convencionalismos, mostró el andamiaje fotográfico sin recato. ¿Un guiño o un descuido? ¿Un error o su firma? Donde otros prefieren maquillar o esconder, Caula apuntó y enfocó.

María Conchita Alonso, actriz y cantante, 1977 / Fotografía de Tito Caula ©ArchivoFotografíaUrbana

Integró a sus composiciones diversos elementos que evidenciaron su postura creativa. Por eso no es de extrañar que el set, sus ayudantes, los equipos de iluminación o los artilugios fotográfico aparezcan sin pudor en sus tomas. Entre telas, fondos y lámparas coló las pistas de un oficio al que se entregó por completo. “Caula fotografió hasta el cansancio. Más preciso sería decir, hasta su muerte”, ha afirmado José Antonio Navarrete.

Teodoro Petkoff, 1976 / Fotografía de Tito Caula ©ArchivoFotografíaUrbana

Construir, acumular, persuadir. Fue un fabricante de realidades. La fotografía publicitaria, la moda, el retrato de personalidades, la industria del espectáculo le permitieron mostrar (se) las facetas de un oficio demandante en el que, entre líneas, dejó traspasar la vitalidad y la curiosidad como recursos expresivos. Su opción revela un estilo dinámico y fluido en el que la mirada cómplice de los retratados se hacía notar. Así también capturó detalles e incidencias menores que propiciaron la experimentación lúdica y el humor. En su archivo abundan este tipo de fotografía, lo que indica que reservó para sí las tomas del proceso otorgándoles un valor especial. Optó por encuadrar la periferia, lo que aparentemente sobraba. “La fotografía de Caula parece recorrida por la tensión creada entre las exigencias del estereotipo y su desborde provocativo”, sostiene Navarrete.

El fotógrafo venezolano Vasco Szinetar ha dicho que en la foto de Caula siempre se ve “la cocina”, Fran Beaufrand (otro fotógrafo venezolano) lo ha llamado “el andamiaje”. El que observa el archivo de Tito encuentra un registro tangente del proceso de creación de las mentiras publicitarias, de la construcción de esos pedacitos de realidad, comenta Ana María Caula.

Tito Caula junto a modelo en el cuarto oscuro / ©ArchivoFotografíaUrbana

Al hacer una relectura y dialogar con la obra de Caula, la artista Angela Bonadies afirma que: “La autoría era y no era su problema. Trabajaba por encargo y seguramente por amor: a su familia, al medio fotográfico, a un oficio”. Esta entrega lo hizo estar actualizado con las técnicas y formatos de su época y, además, compartir su estudio y maestría con otros fotógrafos. También rescató el detrás de cámara e incluso jugó a ser retratado y se integró a diversas escenas como un personaje más.

Este registro incansable es, en cierto modo, la manifestación de una gula visual y una obsesión constante reunida en un archivo de más de 30.000 negativos desarrollado en tiempos en los que —a diferencia de la fotografía digital de ahora— los recursos y condiciones de producción, copia, almacenamiento y resguardo eran más limitados.

Cámara Speed Graphic y juego de luces / Fotografía de Tito Caula ©ArchivoFotografíaUrbana

Gestos, miradas y momentos confluyen en estos proyectos personales infiltrados en medio de lo comercial, escogiendo la insinuación más que la demostración. Volcó en las imágenes sus intenciones e interpretaciones como expresión creativa y, más que un operador del medio, fue un astuto cronista que con cierta picardía dejó migajas como pistas a lo largo del camino. Aproximarse a su archivo es ordenar su rastro, juntar las piezas e ir descubriendo su personalidad.

A través de la documentación de circunstancias y episodios de nuestra historia se dibuja un fotógrafo que parece inagotable e insistente. Su itinerancia por diversos géneros devela una búsqueda y un compromiso. Su mirada inquieta y desbordada nos interpela acerca de una extensa obra que parece en constante construcción y nos hace preguntarnos si es cierto —como algunos afirman— que todo retrato es, a fin de cuentas, un auto retrato.

 

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