/Fina Gómez (III). Con la luz de la poesía
Serie El barco encallado, 1964. Fotografía de Fina Gómez. ©Archivo Fotografía Urbana

Fina Gómez (III). Con la luz de la poesía

Por Johanna Pérez Daza

“Con sus maderas
fue creada
la Tierra Firme
Ahora te hacen soñar un barco
para irte a crear
un país nuevo”
– Lise Deharme

Afirmó Federico García Lorca: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”. Uno que incita otros misterios y relaciones como las que se establecen entre las palabras y las imágenes o, más concretamente, entre poesía y fotografía. La misma raíz de esta última palabra nos recuerda que fotografiar es escribir/dibujar con luz, mientras que “escribir poesía es dibujar palabras” (Echegarreta, 2015)

Verbalizar la imagen es tratar de entablar un diálogo entre dos lenguajes que pueden ser claramente distintos sin por ello dejar de ser complementarios. Ensayos y aciertos, coherencias y contradicciones. Preguntas y problemas, de ayer y de hoy, se desprenden de estas relaciones.

En los libros de Fina Gómez, sus fotografías se juntan con poemas que, lejos de imponerse, abren nuevas posibilidades de encuentro y lectura. Leemos fotografías y leemos poemas, tal vez por esto Umberto Eco propone, a partir del enfoque semiótico, que las imágenes sean consideradas ‘textos visuales’. Tanto la fotografía como la poesía apelan a nuestros sentidos y generan símbolos y metáforas. “Ahora bien, esta cercanía entre poema y fotografía es casi intangible; se trata más bien de un velo traslúcido que sirve como bisagra. Tanto la fotografía como la poesía abren y cierran puertas; en ese sentido, son formas de accesibilidad” (Echegarreta, 2015).

Fotografías, de Fina Gómez Revenga y texto de (1954). ©Archivo Fotografía Urbana
Del libro Las Piedras (1958), de Fina Gómez ©Archivo Fotografía Urbana

Abundan los autores que han permutado los posibles vínculos entre imagen y palabra. Desde las letras, Julio Cortázar y Juan Rulfo transitaron los sinuosos caminos de la fotografía, tejiendo relatos y congelando instantes, sirvan a modo de ejemplo el cuento Las babas del diablo (1959) del primero y las más de 6.000 fotografías realizadas por el autor de Pedro Páramo. En el libro Una casa en la arena (1966) los textos de Pablo Neruda dialogan con las fotos de Sergio Larraín. El escritor chileno también publicaría Alturas de
Macchu Picchu (1977) con fotografías de Graziano Gasparini. Por su parte, el fotógrafo estadounidense Duane Michals destacó en los años setenta por sus fotosecuencias en las que se vale de textos caligráficos y pies de foto que complejizan la escena retratada, funcionando como elementos constitutivos de la obra. Estos lazos abren tantas posibilidades que, en 2018, en la Biblioteca Nacional de España se realizó la exposición La cámara de hacer poemas, una alianza entre fotógrafos y poetas del siglo XX hasta nuestros días, que abarcó la tradición española, portuguesa y latinoamericana de relacionar la poesía y la fotografía en un terreno de juego concreto: el libro.

En Venezuela surgen otras propuestas como Imagen y palabra (1975- ) del poeta y fotógrafo Enrique Hernández D´Jesús, una indagación de largo aliento en la que retrata a poetas latinoamericanos y éstos luego de mirar sus rostros en la imagen impresa, añaden —a puño y letra— textos y poesía inédita. Por su parte, en Sistema Nervioso (1975) las fotografías de Barbara Brändli y el diseño de John Lange dialogan con los escritos de Román Chalbaud siendo considerado, en su conjunto, “un poema visual sobre la ciudad” y uno de los fotolibros pioneros en su género. El fotógrafo José Voglar también ha desarrollado proyectos conjuntos con los poetas Luis Alberto Crespo y Alberto Hernández: “Solamente” y “Eslovenia”, respectivamente. Más recientemente y desde la co-creación literaria-fotográfica encontramos el libro Rostros y decires /La Cámara Escrita 2 (2010) con textos del poeta Rafael Cadenas y fotografías de Lisbeth Salas; y Annapurna. La montaña empírica (2012) un trabajo del poeta Igor Barreto y el fotógrafo Ricardo Jiménez.

Del libro Las Piedras (1958), de Fina Gómez ©Archivo Fotografía Urbana

Esta sucinta y acotada selección sólo pretender mostrar —desde una minúscula porción— algunas de las variopintas relaciones que se dan entre imagen y palabra, ya sea de escritores seducidos por la imagen, escribiendo a partir de ella y/o sobre ella, o de fotógrafos que recurren a la poesía, a frases puntuales e incluso eficaces relatos para comunicar desde otras formas y exploraciones. En todo caso, son propuestas que se inscriben en una corriente que emparenta ambas formas expresivas.

Así, justamente, llegamos a la unión de fotografía y poesía en la obra de Fina Gómez, la cual puede considerarse —siguiendo a García Lorca— como un prodigioso misterio, en este caso entre dos lenguajes estéticos que no esperábamos que pudieran juntarse. El libro es el artefacto material y cultural en el que esta relación se hace tangible. El primero de ellos fue publicado en 1954 con el título Fotografías incluye poemas de Lise Deharme. Le siguen Raíces (1956) y Las Piedras (1958) ambos con poemas de Pierre Seghers. En
1964, edita 0 grados, norte franco con textos de la poetisa venezolana Ida Gramcko y en 1965 publica Diálogo con texto de Seghers. En todos ellos, la presentación de los textos, su disposición, el acabado tipográfico son elementos que potencian el discurso visual.

Fotografías (1954), de Fina Gómez ©Archivo Fotografía Urbana
Las Piedras (1958), de Fina Gómez ©Archivo Fotografía Urbana

Estos libros —mayoritariamente editados en español y francés, con ediciones numeradas— conforman un cuerpo de trabajo que, en su conjunto, parecen conectados por el nexo explícito entre imagen y palabra que fue bien recibido. Así, por ejemplo, la versión francesa del libro Raíces, del que se imprimieron mil ejemplares, “se agotó enseguida”, según afirmó la fotógrafa. En entrevista con María Teresa Boulton, comenta las relaciones y complicidades que permitieron tejer redes y alianzas como sucedió con el poeta Pierre Seghers:

“Se inició gracias a mi primer libro donde escribe Alejo Carpentier. Juan Liscano tuvo la idea de mandarle un ejemplar, las tres últimas fotografías eran de Raíces. Un día me mandó una carta en la cual me mandaba tres poemas que me debía porque acababa de escribirlos viendo el libro de mis fotografías que le había enviado Juan Liscano. Eran tres poemas bellísimos, (…) eran inéditos. En la carta me preguntaba si había la posibilidad de conocerme, yo, por supuesto, le dije que sí. Él vino una tarde aquí y estuvimos hablando muchísimo, nos caímos de maravilla, él me preguntó: “¿Dónde hizo usted estas fotos?”, yo le dije: “En Venezuela, hace poco vine de allá”, y entonces él me dijo: “Pues mire, ¿sabe una cosa?, le voy a pedir que vuelva porque yo quiero hacer un libro, un poema, todo inspirado en las fotos suyas”. Así fue como yo me fui para Venezuela y le traje como 800 fotografías”.

Asombra esta capacidad de trabajo, esmero y dedicación que logra obtener un considerable número de fotos a partir de la contemplación de un único objeto o una situación puntual. Esto ocurre también con la serie El barco encallado, una carcasa vaciada a la que se acerca desde múltiples ángulos desnudando la riqueza visual gestada desde la observación.

Serie El barco encallado, 1964. Fotografía de Fina Gómez. ©Archivo Fotografía Urbana

Otros proyectos quedaron pendientes, como uno con Alejo Carpentier, quien vivía en Caracas y le planteó su intención de trabajar juntos un libro a propósito de las cartas de Colón: “Lo estuvimos planeando mucho tiempo pero no sé qué pasó. Habíamos pensado que yo debía partir del Puerto de Palos, bajo la idea de ilustrar todas las cartas de él. Todo eso estaba prácticamente listo, pero no sé qué paso. Hubiera sido muy bello”.

Esta belleza inconclusa, sin embargo, pudo concretarse en sus otros libros en los que el espacio de la fotografía y la poesía, lo verbal y lo visual, crean puentes y zonas de tránsito entre estas dos formas expresivas que al juntarse trastocan la experiencia estética. El tiempo del poema y el de la fotografía se cruzan, enriqueciendo y transformando la apreciación que hace el lector. Ya no son dos elementos separados, son una unidad que crea una atmósfera silenciosa y serena, un discurso coherente y reflexivo, un intento por captar y compartir aquello que se quiere hacer permanente: en la palabra, en la imagen… en el tiempo; en el misterio referido por García Lorca o el país nuevo del que escribió Lise Deharme.

 

Referencias:

Boulton, María Teresa con colaboración de Escobar, María Auxiliadora (1993). Entrevista a Fina Gómez Ravenga. En: Encuadre N° 42. May-Jun. Pág. 22-29

Centro de Fotografía – CONAC (2001). Catálogo de la exposición El barco encallado. Fotografías de Fina Gómez Revenga.

Echegarreta, Mónica Elena (2015). Impre(ci)siones simultáneas: imagen y palabra, poesía y fotografía. Trabajo de grado para para optar al título de Magíster en Literatura, Pontificia Universidad Javeriana.

 

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