/La araña
Boulevard de “El Capitolio”, Caracas. Tarjeta Postal ©Archivo Fotografía Urbana

La araña

Por Igor Barreto

Ha comenzado a cantar la araña en un rinconcito del mueble bajo el televisor. La araña mira ocho imágenes a la vez. Pero solo cuando apagamos las luces y la noche arropa todos los modestos enseres del cuarto aparece un zancudo con su violín y su embriagado abdomen hinchado con la gota de sangre de algún durmiente. Solitario, sobre el espaldar de una silla, interpreta una pieza titulada “Tras el muro de la Europa Oriental” que le enseñó el maestro Cornelius Pinzutti, y luego el zancudo con su violín emprende un corto vuelo hacia una biblioteca con libros de poemas que el dueño de casa intenta descifrar. Desde el aire ve la pantalla del televisor donde se reflejan los muebles que su orfandad de alado insecto no ha logrado tener nunca. En giros zigzagueantes se aproxima a la imagen pero tropieza con las cuerdas de una lira donde queda ovillado entre pegamentos. Ahora bien, pregunto al lector, ¿cuantos recorridos haría la araña para completar el entramado de su urdimbre?: ¿mil?, ¿tal vez un millón?. Cuántos viajes desde la derecha hasta la izquierda, o inversamente, tensando aquella lira. Entonces, la araña se le acercó al zancudo, musitándole dos endecasílabos: Yo soy la partitura de esta noche/y tocaremos a dúo algún Capriccio.

 

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