/Dolencias del pie izquierdo
Reverso de Tarjeta Postal, Caracas ©Archivo Fotografía Urbana

Dolencias del pie izquierdo

Por Igor Barreto

Amigo Lázaro, qué pena tus dolencias del pie izquierdo. Debes asesorarte bien y seguir al «pie de la letra» los consejos del médico. Aunque la ciencia siempre verá ese pie como si fuera un simple apéndice, obviando que con el pie izquierdo apoyado en un estribo se montó el caballo del siglo XIX, para ventura nuestra o por desgracia. Hay personas que dibujan aferrando un lápiz entre el pulgar y el supuesto índice de tal extremidad, o sostienen una taza de chocolate humeante bajo una carpa de circo. Este país ha despertando veinte años con las dolencias del pie izquierdo. Son circunstancias que no consuelan y no puedes olvidar fácilmente. En un baile, la difícil morisqueta, el giro que la gradería continuamente aplaude, siempre lo hacen con el pie izquierdo. Y pese a los dramáticos inconvenientes, ambos pies tienen una parecida importancia. Lo digo pasando por alto sus diferencias de tamaño. Casi todos los deportes estriban en dominar destrezas con el pie izquierdo. Disculpa esta enumeración de paradojas. En política, decir que eres de pie izquierdo o de pie derecho tal vez hubiese constituido una diferencia más indispensable: la desvalida zurda y la vigorosa derecha. Estoy pensando que no se puede vivir sin ninguna de ambas piernas. En cuanto a los libros te llegarán, no te preocupes. Ya buscaré un tiempo para llamarte. Hoy tengo un día complicado, mi suegro cumple noventa años y aún camina perfectamente.

Con afecto, Igor.

Reverso de Tarjeta Postal, Caracas ©Archivo Fotografía Urbana

Querido amigo, ayer me dejaste repasando algunas otras cosas que no te he comentado sobre la tragicomedia de mi pie. Eso porque vi cómo ha llamado tu atención. Pero es que apenas ahora también me recupero moralmente de todo esto que llegó a deprimirme, a paralizarme un poco. Así que voy muy lento, como cojeando todavía, en ambos sentidos.

La verdad es que, como te dije, se trata de un traumatismo cuyo origen no lo tengo muy claro, a pesar de la mini fractura que aparece como imagen fantasmal en la radiografía. Y pensando en este incordio, me acordé de tantos años padeciendo de traumatismos del pie izquierdo.
Una vez, a finales de los 90, me visitó un buen amigo y excelente psiquiatra, Javier Guevara, en la Sala de Libros Raros de la Biblioteca Nacional dónde solía trabajar. Estaba duramente aquejado de uno de mis sucesivos esguinces de tobillo. Conversamos un poco y al final se despidió, y desde las escaleras me dijo en voz alta: «Mira, el pie izquierdo es el pie del adolescente, ¿sabes?». Me sonreí del chiste, pero igual quedé atorado en la recurrencia del asunto: ¿por qué me estanco y no termino de dar los pasos correctos?

Mucho tiempo después me encontré con un pequeño libro de Peter Stallybrass llamado O casaco de Marx: roupa, memória, dor; sobre nuestra relación con la ropa como objeto portador y cargado de memorias, que incluía un ensayito interesante sobre «El caminar». Al evocar a Edipo y el enigma de la esfinge, al rey Lear y a algunos pasajes de Primo Levi, constato que el caminar no es un acto tan sencillo, después de todo. Enorme el gesto significativo cuando caminamos: victoria paciente, laboriosa y sufrida. Erguirse fue también, como dice Blumenberg, conquistar un horizonte. No quisiera faltar, por supuesto, a las terapias de los lunes, miércoles y viernes: solo por realizar el sueño de caminar y merodear en pleno confinamiento.

Un gran abrazo, Lázaro.

 

Lea también el post en Prodavinci.