/Del sistema restrictivo a la educación de masas
Estudiantes reunidos frente al Palacio de las Academias, circa 1930: Luis Felipe Toro. ©Archivo Fotografía Urbana

Del sistema restrictivo a la educación de masas

Por Gustavo Vaamonde

En este artículo que forma parte del libro La sociedad en el siglo XX venezolano, su autor, Gustavo Vaamonde, analiza y revisa las diferentes concepciones, doctrinas y modelos que orientaron la conducción de la formación por parte del Estado venezolano y de qué manera se expresaron, en este campo, los intereses políticos de los distintos gobiernos.

Introducción

Conocer la sociedad venezolana del siglo XX implica acercarse a las diversas facetas o elementos que determinan la existencia de una comunidad organizada. En el presente ensayo se analizarán las realidades educativas que se activaron en la nación durante esta centuria. Los fundamentos políticos del Estado y los propósitos existenciales de las personas estuvieron condicionados por la transmisión de conocimientos a través del sistema educativo. Por ello, es importante el proceso evolutivo de la enseñanza en todos los niveles durante estos cien años de nuestro proceso histórico.

¿Cuáles fueron los factores que determinaron las realidades y características del sistema educativo durante este período histórico y de qué manera ello incidió en la transformación de la sociedad? Como posible explicación a esta interrogante tenemos que la concepción que se tuvo del sector en el país desde comienzos del siglo XX estuvo determinada por dos factores; primeramente, por el interés político y estratégico que quiso alcanzar el régimen de turno con el área educativa. Y en segundo lugar, a esta realidad histórica debe sumarse la preponderancia que tuvieron para estas decisiones las distintas orientaciones filosóficas en boga durante aquellos años. Desde la filosofía positiva hasta las corrientes voluntaristas, pasando por la Escuela Nueva o Escuela Activa, el modelo del Estado de Bienestar, el Nuevo Ideal Nacional y la educación de masas. Todos estos laboratorios de pensamiento constituyeron los fundamentos de los diseños que se intentaron y se lograron instaurar en el ámbito educativo venezolano a lo largo de este siglo. Trataremos de acercarnos a las ideas de cada una de estas doctrinas para entender y explicar los proyectos que se generaron e implementaron en el país, así como las consecuencias de su instauración en la vida de los venezolanos.

Partimos cronológicamente del período que transcurre entre 1899 y 1935, etapa en la que imperó la preocupación por concentrar la actividad educativa bajo control absoluto del Estado e imponer un sistema restrictivo de acceso a la misma. A partir de 1936, comienza un lento proceso de democratización del modelo político venezolano durante el cual surgieron y se divulgaron las más modernas e innovadoras propuestas en materia de educación que llevaron a los primeros intentos de institucionalización de un sistema masivo en el ramo caracterizado por la calidad. Después de 1958, con la instauración de la democracia representativa, de estabilización de las instituciones del Estado nacional y de prosperidad económica fundamentada en la riqueza petrolera, la modalidad de la educación gratuita llegó a convertirse en referencia a nivel regional.

Destacados investigadores y especialistas en el tema pedagógico y en la historia de la educación venezolana han adelantado valiosos resultados sustentados en fuentes, datos e información estadística, los cuales constituyen importantes referencias en el área. Por ello, fundamentamos el presente texto en los contenidos elaborados por algunos de estos profesionales, preocupándonos por realizar o proponer una visión en perspectiva o articulación con modelos interpretativos seculares, a fin de lograr una explicación de alcance general acerca de cuáles fueron los factores que condicionaron el sistema educativo venezolano como un aspecto clave del proceso de transformación de nuestra sociedad en el siglo XX.

Bajo la prédica positivista: el modelo de la educación restrictiva

El siglo XX en Venezuela comenzó con nuevas realidades políticas. En el año 1899 un sector disidente del Partido Liberal amarillo, entronizado en el poder desde el año de 1870, liderado por Cipriano Castro, inició una rebelión armada contra el presidente Ignacio Andrade. Luego de una victoriosa campaña militar, el día 22 de octubre los integrantes de la Revolución Liberal Restauradora ocuparon la capital del país e iniciaron un nuevo régimen con un conjunto de innovaciones y cambios significativos en la estructura del Estado y en las dinámicas políticas que se prolongaron hasta 1935. La fuerte oposición que despertó la irrupción del general andino en el poder(2), no favoreció un proceso de estabilización que permitiera atender los problemas referidos a la educación.

El propio presidente en uno de sus discursos reconoció que la influencia que se seguía en esta materia, en aquellos años iniciales del siglo XX, era la del Decreto de Instrucción Universal, Gratuita y Obligatoria sancionado por el presidente Antonio Guzmán Blanco el 27 de junio de 1870. En palabras dirigidas a la Asamblea Constituyente en 1901 expuso: «el decreto civilizador de 1870 habría necesitado para dar sus frutos ubérrimos, una larga era de sólida paz y de acción serena de la vida republicana», situación que no se alcanzó en la misma medida en los comienzos de esta centuria. Por ello, se registró un retroceso, en comparación con el período guzmancista, en el número de instituciones de educación primaria y de alumnos durante este período. El pedagogo Guillermo Todd, testigo de aquel proceso escribió lo siguiente;

Ya en las postrimerías de la Administración pasada, el número de planteles era de 716 para ambos sexos en toda la República y calculando, como la cifra más exacta, que concurrieran 25 alumnos por cada escuela, tendríamos una asistencia de 17.900 alumnos(3).

En efecto, desde el principio del período gubernamental de Antonio Guzmán Blanco (1870-1888) tuvo lugar un sostenido proceso de articulación de las instituciones del Estado venezolano para lograr, entre otros propósitos, mantener la paz en el país luego de más de medio siglo de guerras civiles que produjeron destrucción, pobreza, anarquía e ignorancia generalizadas. Sobre la base de los postulados de la escuela de la filosofía positiva de Augusto Comte, Guzmán diseñó e implementó un ambicioso sistema educativo a lo largo del país para formar y fortalecer la conciencia nacional así como para asentar los cimientos políticos necesarios entre los nuevos ciudadanos venezolanos(4). Modernizar un país implicaba consolidar los fundamentos de la nación, por lo tanto, este proyecto de instrucción debía ser «Universal», es decir para toda la población, como lo sostenía Comte. De esta manera se intentó sustituir el sistema educativo de «privilegios» que imperó desde principios de la vida republicana. Este modelo produjo resultados resaltantes(5).

Otros elementos que confirman el estancamiento del proceso educativo en los inicios del siglo XX fueron los pocos avances y propuestas que presentaron los distintos responsables de área de Instrucción en sus respectivas Memorias(6). Representó una excepción la figura del ministro Eduardo Blanco, quien propuso en 1904 introducir cambios de orientación y de objetivos en las obras que se adelantaban en el país. Sus ideas fueron las siguientes:

…abrir amplio campo à la actividad intelectual de la juventud y poner a su alcance, de manera práctica y efectiva, los conocimientos necesarios para el ejercicio de las profesiones (…), aplicándolas al beneficio de nuestras innumerables fuentes de riqueza que, o permanecen como ignoradas, o caen en manos extrañas que a la postre nos traen complicaciones internacionales, en mengua de los intereses de la República(7).

Propugnaba Eduardo Blanco desarrollar un sistema educativo de carácter utilitario, con fines pragmáticos, que sirviera para atender los intereses económicos y materiales que la nación demandaba. Se debían «especializar nuestros estudios profesionales que se reducían a cuatro carreras; abogacía, medicina, ingeniería y teología»(8). La preocupación estaba en atender las demandas de las áreas mineras, agrícolas y comerciales de la nación, ya que no se contaba con escuelas de formación para ellas. Sin embargo, fue imposible lograr algún tipo de cambio en el sistema de educación universitario. Los profesores y estudiantes de las universidades del país mostraban una fuerte resistencia y oposición al presidente Castro. Algunos sectores ilustrados y profesionales estaban en abierto antagonismo con el régimen, por ello la educación superior no recibió el apoyo gubernamental necesario para empezar el proceso de implantación de las nuevas ideas pedagógicas que ya se conocían y discutían en distintos ámbitos del país. Por el contrario, sufrió los efectos de políticas represivas del Estado como en el caso de la Universidad de Zulia que fue clausurada por decreto del 20 de septiembre del año 1903, bajo el argumento, del ministro Blanco, de que el país «corría el riesgo de crear a la larga un proletariado intelectual, lo que llevaría a una degeneración del carácter nacional…»(9). Igual ocurrió con la Universidad de Carabobo, que también fue clausurada.

A partir del mes de diciembre de 1908 comenzó un cambio de dirección en el gobierno de Venezuela. El vicepresidente de la República, el general Juan Vicente Gómez Chacón, aprovechó el viaje del presidente Cipriano Castro a Europa y tomó el poder. La Revolución Rehabilitadora contó con el apoyo de distintos sectores del país que se habían manifestado en contra de las políticas implementadas por el mandatario saliente. El nuevo gobierno contó con el respaldo de Estados Unidos de América y de algunas potencias europeas, que vieron en el general andino a un actor mucho más dispuesto a atender sus peticiones y a restaurar las relaciones perdidas a comienzos de siglo.

Otro factor que entraría a formar parte de la realidad de Venezuela a partir de aquellos años sería la aparición del petróleo y su progresiva consolidación como principal fuente de riqueza, así como las acciones adelantadas por Gómez para controlar las revoluciones armadas en el país para lo cual gestionó la formación de un Ejército Nacional, institucional y profesional que, en conjunto con la cada vez mayor centralización del Estado, llevarían a conseguir cierta continuidad administrativa que sirviera de base para el inicio de un proceso de cambio en los fundamentos doctrinales de la educación en el país.

Resalta durante esta etapa de la historia el propósito del Estado de centralizar y controlar el la obra de creación de un sistema educativo moderno. Todos los responsables ejecutivos de la educación trabajaron en pos del mismo objetivo, fundamentándose en la exposición, defensa e implementación de nuevas interpretaciones o escuelas de la doctrina positivista. Estas estuvieron a cargo de un grupo de destacados intelectuales y profesionales de distintas áreas, que gozaron del apoyo del presidente Gómez para dirigir la cartera de Instrucción Pública. Un movimiento de confrontaciones doctrinales propició el retorno de algunos planteamientos liberales que tenían en cuenta la necesidad de la más absoluta libertad para el ejercicio de la actividad educativa. Pero esta orientación no consiguió imponerse, más bien se instauró una línea de acción que será permanente durante el gomecismo, la de la educación restrictiva, limitada, en detrimento del proceso de expansión, «Universal», que se había iniciado desde el año de 1870 con el decreto guzmancista.

El primer ministro de Instrucción del período fue Samuel Darío Maldonado. En 1909 presentó una Memoria de su gestión en la que analizó los males que aquejaban al sector. Entre otros elementos, resaltó la necesidad de recuperar el tiempo que se había perdido en materia educativa durante el período de Cipriano Castro; el sistema necesitaba organizarse ya que, a su juicio, había involucionado(10). Para lograr este propósito se debían «construir edificios escolares, reformar la Escuela normal, elaborar programas para la formación para el trabajo, evolucionar hacia la Escuela Graduada»(11). Asimismo, propuso llegar nuevamente al número de 1.000 escuelas en funciones a escala nacional para volver a los niveles que se habían alcanzado en el siglo anterior.

Sin embargo, este último anhelo chocó con la filosofía que impusieron los sucesivos ministros de Instrucción: José Gil Fortoul, Felipe Guevara Rojas, Rubén González y Rafael González Rincones, para quienes la educación en Venezuela tenía que ser restrictiva, no expansiva; en ella debía imperar la calidad sobre la cantidad. Ellos abogaban por una enseñanza elitista. El ministro Gil Fortoul (1911-1913), fue quien mejor argumentó esa decisión:

Tanto en agricultura como en pedagogía, el sistema extensivo suele ser el de los países atrasados y rutinarios, el intensivo, el de los países adelantados y en progreso. En fin de cuentas, el intensivo resulta, a la vez que el único realmente eficaz, el más barato…(12)

En el mismo texto, Gil Fortoul insistió:

Dos sistemas principales se ofrecen al estadista que ha de organizar la enseñanza pública con medios forzosamente limitados: el uno, que sacrifica la calidad a la cantidad, consiste en multiplicar el número de planteles, aunque resulten imperfectos y dotados insuficientemente, a fin de llevar al mayor número de individuos y en el tiempo más corto los conocimientos más elementales; el otro, el limitar el número planteles al de los que puedan fundarse y mantenerse bien dotados como para dar una instrucción sólida e integral, pero necesariamente restringida a menor número de individuos(13).

Esta apreciación refleja una importante realidad presupuestaria del país durante el régimen gomecista: el bajo aporte de recursos que tuvo la educación, sector que no llegó a recibir más del 5% de inversión del presupuesto nacional durante todo el período(14). La situación también se explica por los negativos efectos que tuvo sobre la Hacienda Nacional y el presupuesto estatal la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Estas políticas estuvieron fundamentadas además en las nuevas interpretaciones o desarrollos de la doctrina positiva que imperaban aún en el mundo y, especialmente, en Venezuela durante aquellos años. Las ideas de la educación restrictiva fueron tomadas de los postulados individualistas de Herbert Spencer, quien interrogaba: «Concediendo por un momento que el Gobierno esté obligado a educar a los hijos de un hombre ¿qué clase de lógica demostrará que no está obligado a alimentarlos y a vestirlos?»(15).

Estas explicaciones de la realidad y de las formas de actuación sobre la educación para lograr el orden y el progreso social imperaron durante buena parte del mandato de Juan Vicente Gómez; los más reconocidos intelectuales venezolanos del momento sostuvieron la necesidad y obligación de organizar el sistema educativo del país bajo los principios positivos. Entre ellos imperó también la idea del laicismo, para desplazar cualquier influencia católica y retrógrada de la educación. El ministro Samuel Darío Maldonado afirmaba que «la tradición y la rutina han campeado en la pedagogía como si ésta pudiera escapar como institución social y como rama científica, al experimento y a la inducción»(16). Por su parte, el escritor y periodista Pedro Emilio Coll reconocía que era necesario

…entender la historia natural de la sociedad, que nos hable menos de los hombres que mandan y más de la vida de la colectividad (…), hacer en fin una Sociología descriptiva, una historia del hombre a través de los siglos donde podamos ver con toda claridad el desenvolvimiento de la humanidad y la armonía del progreso, para poder deducir y conocer así hasta dónde es posible las leyes fundamentales a que deben obedecer los fenómenos sociales(17).

Y uno de los más destacados escritores y defensores de la filosofía positiva de este período, Laureano Vallenilla Lanz, también afirmaba sobre la educación del momento que «mientras el progreso de la ciencia y la educación laica y democrática no hayan modificado lenta y evolutivamente la herencia psicológica de los pueblos hispanoamericanos, no es solo inútil sino peligroso pretender suprimir la influencia cultural de la religión»(18). Muchos otros planteamientos se hicieron desde la óptica y la guía del positivismo durante esta etapa histórica.

Algunas de las innovaciones acaecidas en aquellos tiempos fueron las propuestas del ministro de Instrucción Felipe Guevara Rojas, quien llegó a adelantar un modelo de organización del sistema educativo basado en «escuelas, colegios, liceos y una universidad compartimentalizada en escuelas independientes»(19). Este esquema permanecerá en el tiempo y conformará la base del moderno sistema educativo venezolano:

La reforma, si bien su intención se proyectaba para los niveles primario y medio, en sus inicios centró su atención en la educación primaria, privilegiando la escolaridad obligatoria graduada completa de seis grados y el método de enseñanza concéntrica, de modo de que en cada grado los conocimientos se fueran ensanchando a través de una progresiva asimilación por el procedimiento de lo sencillo a lo complejo(20).

Durante la gestión del ministro Guevara Rojas destaca también su propuesta de liberar al Estado, en gran medida, del control del proceso educativo, en contradicción con las políticas establecidas por sus predecesores. La proposición era dar la mayor libertad posible a los particulares, las escuelas privadas. El funcionario se fundamentó en el «principio liberal democrático de la difusión de la instrucción», con lo cual, de igual modo el Estado quedaba con el dominio sobre la materia al reservarse la «fase terminal», el otorgamiento de títulos luego de la realización de los exámenes finales supervisados por representantes del Consejo Nacional de Instrucción. Esta iniciativa fue registrada en la Ley Orgánica de Instrucción de 1915. Sin embargo, tal amplitud fue derogada por iniciativa del nuevo ministro de Instrucción, Rubén González (1922-1929), quien volvió a pregonar el control total del Estado sobre el sector. También este planteamiento se reconoció en la nueva Ley de Instrucción sancionada en 1924. Es un procedimiento característico de la educación venezolana que se mantendrá durante todo el siglo XX(21).

El sector universitario reportó el cierre de la Universidad Central durante 10 años, entre 1912 y 1922. Ello, motivado a la expulsión de dos estudiantes por parte del rector, lo cual generó un conflicto que ascendió al Ministerio de Instrucción y al propio general Gómez, quienes ratificaron el cierre de la casa de estudios superiores. Tras el reinicio de actividades se implementó una reforma que resultó novedosa para la época. La misma fue impulsada por el ministro Guevara Rojas e implicó un conjunto de cambios de funcionamiento y organización que llevaron a la descentralización de la institución. Se acordó su funcionamiento independiente de las escuelas profesionales. Se establecieron, además, los concursos de oposición como mecanismo exclusivo para designar a los profesores, quienes antes eran escogidos por el propio ministro. Se convino, de igual manera, en otorgar reconocimiento al rango profesional del ejercicio docente y la transformación de la Universidad Central en un centro de investigación científica(22). Estas reformas constituyeron el fundamento de la universidad contemporánea de Venezuela.

Como hechos dignos de consideración ocurridos en esta etapa hay que mencionar la creación, en el año de 1913, también por iniciativa de Guevara Rojas, de la Escuela Normal de Hombres. De igual manera, es útil reportar el viaje a Chile de varios estudiantes normalistas venezolanos que habían sido becados por aquel gobierno en 1914. El día 15 de enero de 1932 se creó en Caracas, por iniciativa de un grupo de educadores, la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, una asociación que fue el reflejo de las inquietudes y expectativas que tenía un importante grupo de profesionales del área, que conocía y defendía la necesidad de implementar con carácter prioritario las más modernas propuestas en el campo de la pedagogía adelantadas a nivel mundial por investigadores destacados como Dewey, Pestalozzi, Mann, Ferry, Sarmiento y Ferriere, entre otros. La propuesta que hicieron a través de su órgano divulgativo, la Revista Pedagógica, fue cambiar el obsoleto e ineficiente sistema tradicional de educación impartido en los planteles del país, el cual «agota la espiritualidad, aniquila y destruye el entusiasmo de la juventud»(23). Para ello plantearon, antes de su censura por parte del régimen en el año 1935, mejorar las escuelas con el propósito de lograr que los niños estudiantes consiguieran un «ambiente propicio a la libre expresión de sus actividades»(24).

Sin embargo, a pesar de que estas propuestas estaban muy acordes con los avances pedagógicos de la época y aunque la preocupación que sostenían los distintos ministros de Instrucción por centralizar el sistema educativo bajo el control del Estado, propósito que lograron a cabalidad gracias a la participación en la dirección de este proceso de destacados profesionales e intelectuales del país seguidores y exponentes preclaros de la doctrina positivista que abogaron por mejorar la condición de los maestros entre otros elementos, la educación no avanzó al ritmo de estas ideas de cambios. El sistema educativo no evolucionó, se mantuvo en los niveles de «conocimientos más elementales y rutinarios a los estudiantes» y conservó a los docentes en condiciones no ideales para el ejercicio de su profesión. El régimen restrictivo se impuso, por ello en algunos años de este período el número de escuelas se redujo en vez de ampliarse. No obstante, estudios especializados han demostrado que, más allá de estas carencias y promesas incumplidas y las restricciones y deudas con el sector, el número de alumnos aumentó sostenidamente(25).

Universidad Central de Venezuela, Caracas, circa 1970: Foto Estudio Palacios. ©Archivo Fotografía Urbana

El momento de la Escuela Nueva

El 17 de diciembre de 1935 murió por causas naturales el general Juan Vicente Gómez. Su desaparición física abrió la posibilidad para el inicio de un proceso de cambios políticos en Venezuela, luego de 27 años de un régimen que cercenó cualquier espacio de participación y mantuvo una represión férrea contra cualquier disidencia existente. El general Eleazar López Contreras, ministro de Guerra y Marina, lo sustituyó en el mando, de acuerdo con lo establecido en la Constitución. Desde un primer momento, el nuevo mandatario mostró disposición para dar forma a una transición en el país al otorgar libertades, permitir el regreso de los exiliados políticos y propiciar la actuación de los partidos que se habían comenzado a conformar en el exilio y que, a partir de 1936, empezaron a tener vida activa en el país. Estas señales generaron un clima de confianza que posibilitó la participación pública por medio de los partidos, así como de otras agrupaciones profesionales que asumieron protagonismo a partir de entonces.

Objetivos y propósitos coincidentes surgieron entre los responsables del gobierno nacional y los principales líderes políticos que comenzaron a regresar del exilio. Primeramente, se debía buscar la consolidación progresiva de un régimen de libertades que evitara el retorno a una dictadura como la que se había vivido hasta la muerte del general Gómez. De igual manera, había que consolidar las condiciones materiales, institucionales y sociales necesarias para afrontar el proceso de modernización económica y social que se estaba viviendo a nivel mundial y regional luego de superadas la Primera Guerra Mundial y la crisis económica del año 1929. Venezuela no contaba con la preparación ni con la infraestructura necesarias para dar cabida al nuevo sector protagónico de la época, la clase media asalariada, la cual se trasladaba cada vez con mayor rapidez del campo a la ciudad para buscar un mejor sueldo con el cual poder subsistir.

En este contexto surgieron las propuestas educativas de los nacientes partidos políticos formados, en significativos casos, por los estudiantes universitarios que protestaron contra la dictadura en el año de 1928. De igual manera, del propio gobierno de López Contreras diseñó ideas para revisar e impulsar el sistema educativo heredado de la dictadura gomecista, todo un mecanismo a través del cual se lograría concientizar y preparar a los venezolanos para ejercer sus deberes y derechos ciudadanos a fin de favorecer la construcción y defensa del sistema democrático, el nuevo paradigma político. Además, la educación se convertiría a partir de ese momento en la dinámica esencial que garantizaría el bienestar y la prosperidad económica de la sociedad. La gran mayoría de los actores políticos enfocaron sus pensamientos en estimular y modernizar el sector en el país.

Un antecedente importante en este sentido puede ubicarse en el «Plan de Barranquilla», que recoge el programa de la organización Acción Revolucionaria de Izquierda (ARDI), creada el 22 de marzo de 1931 por los líderes estudiantiles Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, entre otros, quienes presentaron un conjunto de planteamientos para la transformación social de Venezuela, luego del fin de la dictadura de Juan Vicente Gómez. En materia educativa se proponían llevar adelante «una intensa campaña de desnalfabetización (sic) de las masas obreras y campesinas. Enseñanza técnica, industrial y agrícola. Autonomía universitaria funcional y económica»(26). Propuestas como esta y otras similares se enfocaban en el problema del analfabetismo que se vivía en Venezuela a finales de la dictadura, a lo que se añadía el tema de las pocas escuelas existentes a nivel nacional, las escasas condiciones de infraestructura con que estas contaban, el número reducido de estudiantes que efectivamente podía cursar estudios primarios, la necesidad de una expansión de la educación secundaria y, fundamentalmente, la poca o nula preparación que tenían los maestros para llevar a cabo su labor docente.

Algunos estudios especializados dan cuenta de las cifras que se manejaban para este momento histórico:

En materia educativa los censos nacionales arrojan 64% de analfabetas mayores de 7 años y una población de 695.218 niños de 7 a 14 años que representaban el 21% de la población total del país y de la que sólo el 20% estaba inscrito en la escuela primaria(27).

En un detallado análisis hecho por la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, presentado el día 25 de agosto de 1936, se expusieron datos alarmantes sobre la situación educativa en Venezuela:

Las cifras estadísticas más optimistas revelan que hay en el país, a lo menos cuatrocientos mil niños que no reciben educación alguna, que apenas el 20% de la población en edad escolar asiste a las aulas y que nuestro analfabetismo total alcanza la enorme proporción del 80%, una de las más altas del mundo(28).

Este panorama llevó a los maestros y profesionales especializados en el tema educativo, a sectores políticos y universitarios del país, así como a los propios responsables del gobierno a proponer soluciones inmediatas y de alcance general para subsanar las deficiencias existentes, fundamentando las reformas en las novedosas ideas y paradigmas que se discutían e implementaban en el mundo en aquellos años.

Se vivía un contexto intelectual y profesional efervescente. Los postulados positivistas estaban siendo apartados por su rigidez metodológica, conceptual, teórica y por su tendencia al dogmatismo. Se habían consolidado los fundamentos de la Escuela Nueva: «Ésta pone su énfasis en la valoración de la libertad, la espontaneidad y la acción del niño, y hace de éste el centro de la escuela, por lo que se le califica de puerocéntrica y democrática»(29). Los pensadores que inspiraron esta nueva corriente que se instauraría y generalizaría a nivel mundial fueron, entre otros, Adolphe Ferreière, Dewey, Kilpatrick, Decroly, Montessori, Claparède, Cousinet y Mantovani(30). La mayoría de sus planteamientos fueron divulgados en el país por el maestro y pedagogo Luis Beltrán Prieto Figueroa a través de la Revista Pedagógica de la SVMIP en los años siguientes(31).

A los pocos meses de su llegada al poder, el presidente López Contreras presentó un plan de gobierno para atender las áreas prioritarias de la nación. El «Programa de Febrero» se propuso en materia educativa «la organización de la educación nacional, con el fin de poner a los diversos grupos de nuestro pueblo en condiciones de afrontar con suceso la lucha por la vida, y la nivelación con los pueblos más adelantados…»(32). En esa ocasión expresó el mandatario su famosa frase: «Las escuelas valen lo que valgan sus maestros». Se dieron entonces las condiciones, con el respaldo oficial, para avanzar en una intensa campaña de alfabetización y escolarización e impulsar el proceso de modernización y expansión del sistema educativo a nivel nacional.

Entre los hechos más destacables de esta etapa está la creación, por decreto del día 30 de septiembre de 1936, del Instituto Pedagógico Nacional. Sus funciones esenciales serían: «1) Formar docentes para el nivel secundario y normal; 2) contribuir con el perfeccionamiento de los docentes en servicio y 3) fomentar la investigación científica educativa, especialmente en el campo de la pedagogía en general o venezolana y sobre la orientación profesional»33. El Instituto fue creado con la asesoría de una Misión Pedagógica de profesores chilenos, así como de españoles, estadounidenses y puertorriqueños. El intelectual venezolano Mariano Picón-Salas desde la Superintendencia de Educación Nacional con el apoyo del ministro de Educación, el escritor y maestro Rómulo Gallegos, impulsaron este proceso fundacional que, sin embargo, hubo de ser ejecutado por el ministro Alberto Smith.

Como avances de esta etapa hay que mencionar también que por ley del 17 de julio de 1936 el Ministerio de Instrucción Pública se convirtió en el Ministerio de Educación Nacional. De igual manera, se alcanzó otro importante espacio institucional cuando en la Primera Convención Nacional del Magisterio se creó la Federación Venezolana de Maestros, agrupación en donde tuvo destacada participación la docente Mercedes Fermín, representante del nuevo rol que la mujer venezolana asumiría durante este proceso de transformación. Se adelantó también el proyecto de construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas para el funcionamiento de la Universidad Central de Venezuela en espacios de la hacienda Ibarra; el propósito era desconcentrar el viejo local que le servía de sede y desarrollar los estudios vinculados con los postulados de la Escuela Nueva.

En el año de 1945 acaeció un importante cambio político en el país cuando un grupo de jóvenes militares unidos a militantes del partido político Acción Democrática dieron un golpe de Estado al presidente Isaías Medina Angarita (1941-1945), quien había sido elegido como sucesor del presidente López Contreras. A partir del 18 de octubre de este año se conformó una Junta Revolucionaria de Gobierno que impulsó importantes transformaciones en la cultura política venezolana al convocar y elegir una Asamblea Nacional Constituyente mediante un proceso electoral, en el cual por primera vez se ejerció el voto universal directo y secreto, derecho que se sancionó constitucionalmente y quedó eliminado el sistema electoral limitado y de segundo grado que imperó por décadas.

De igual manera, se reconoció el derecho de las masas, de las mayorías, a asumir su rol como titulares del poder político en el país. Integrantes de la sociedad, anteriormente desconocidos y marginados, como las mujeres y personas analfabetas, jugaron nuevos papeles. En este contexto de reivindicaciones sociales Rómulo Gallegos resultó electo como presidente en el año de 1948. Bajo su mandato se profundizaron las políticas iniciadas por la Junta Revolucionaria sobre la base de la implementación de la Escuela Nueva o Escuela Activa en Venezuela.

El principio educativo de la Escuela Nueva se sustentaría a partir de este momento en la Doctrina del Bienestar Social que sustituiría al Estado Liberal como fundamento de las instituciones del Estado y del sistema político venezolano. Su propósito era velar en el ámbito económico por materias

…como el desarrollo social y cultural de las mayorías con sentido nacional. (…) atenuar la lucha social mediante el aumento de la capacidad adquisitiva de los trabajadores; mediante el aumento de la oferta de empleo y la producción; mediante la ampliación cultural y educativa(34).

Con esta base doctrinal se buscó la masificación de la educación. El primer ministro de Educación del nuevo gobierno, el doctor Humberto García Arocha solicitó crear 6.000 escuelas en todo el país y capacitar a 10.000 maestros adicionales luego de describir el panorama educativo existente en el año 1945:

En nuestro país existen (…) 787.812 niños en edad escolar, de los cuales tan sólo 281.959 tienen escuelas a donde ir, quedando por consiguiente 505.974 niños sin planteles de enseñanza donde ingresar. De los 281.928 alumnos que asisten a nuestras escuelas federales, estadales, municipales y privadas hay 63.000 de ellos que carecen de pupitres donde sentarse, teniendo que hacerlo la gran mayoría en cajones, tablas o en el suelo. En Venezuela existen 4.030 escuelas, de las cuales 1.629 son federales y en estas faltan, entre otras cosas, más de 700 pizarrones, cerca de 1.000 mapas de Venezuela y más de 1.500 filtros para depurar agua. Añádase a todo esto que en la actualidad hay tan sólo 3.969 Maestros en ejercicio(35).

Comenzó entonces un intenso proceso institucional cuya finalidad fue modernizar el sistema educativo. De igual manera, en el año 1946 empezó una ambiciosa y amplia campaña para alfabetizar a la gente. Se creó el Patronato Nacional de Alfabetización. Se desarrolló en el nivel inicial la instalación de las casa-cunas para apoyar a las madres trabajadoras, y los comedores escolares. A nivel universitario se ejecutó un proceso de ampliación de los estudios al fundarse, en este mismo año, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela. Se iniciaron los estudios de Periodismo, Letras e Historia. Se reabrió la Universidad del Zulia. El ingeniero Luis Caballero Mejías propuso la creación de la Escuela Técnica Industrial en la Ciudad Universitaria para preparar a los jóvenes en las necesarias carreras de Mecánica, Química, Fundición, Ingeniería Industrial y como maestros de obra entre otros(36). Asimismo, resurgieron las escuelas artesanales heredadas del período guzmancista. El gobierno no estuvo exento de polémicas como ocurrió con la aprobación y ejecución del Decreto Ley 321, cuyo propósito era regular el sistema de exámenes y evaluaciones de los distintos niveles educativos; la férrea oposición de los colegios privados y de la Iglesia católica llevó a suspender temporalmente la entrada en vigencia de esta norma.

En un esfuerzo por institucionalizar la educación de las masas en el país, dejando a un lado la enseñanza restrictiva, el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa presentó el Proyecto de Ley Orgánica de Educación en el año de 1948 que se convertiría en el modelo que materializaría esta aspiración social y estatal:

La educación selectiva, para reducidas minorías privilegiadas, se reemplaza en las disposiciones de este Proyecto de Ley por una amplia educación popular, necesario fundamento de nuestro progreso democrático. La acción educativa del Estado tiene que proyectarse sobre la totalidad del pueblo venezolano para que éste se afirme a sí mismo en plenitud de conciencia ciudadana(37).

Este propósito se articulaba en el anhelo político supremo de la educación como vía para alcanzar el «propósito de perfeccionar, mediante la cultura, la integridad moral y material de la nación venezolana»(38). Los alcances de la gestión educativa llevada a cabo tanto por la Junta Revolucionaria de Gobierno como por la administración del presidente Rómulo Gallegos, son referidos por Rómulo Betancourt en su obra Venezuela, política y petróleo: se triplicó el presupuesto para educación; en 36 meses aumentó la matrícula escolar y de 131.000 niños que acudían a las escuelas en 1945, se llegó a 500.000. Del mismo modo ocurrió en la educación media: el número de liceos dependientes del Estado se elevó de 29 a 47 y se duplicó la matrícula de estudiantes de 11.500 en 1945 a 22.000 alumnos en 1948(39).

Un nuevo golpe militar acaece el 24 de noviembre de 1948 y detiene el proyecto masificador de la educación venezolana bajo los lineamientos del Estado de Bienestar. La alta oficialidad del Ejército venezolano, liderado por los tenientes coroneles Marcos Pérez Jiménez, Carlos Delgado Chalbaud y Luis Felipe Llovera Páez, sacó del poder al presidente Rómulo Gallegos. Alegaron los insurrectos que el partido Acción Democrática había caído en un intolerable sectarismo político traicionando los principios y acuerdos previos alcanzados antes del 18 de octubre de 1945. A partir de este momento se instauró nuevamente un régimen militar que durará una década en el poder y llevará a la nación a una situación de represión política y menoscabo de los derechos civiles esenciales.

En materia educativa se produjo un retroceso o involución del proyecto que se venía gestando en el sector desde mediados de la década de 1930. Lo primero que realizó la Junta Militar por medio del ministro de Educación Augusto Mijares fue derogar la Ley Orgánica de Educación sancionada el día 18 de octubre de 1948. En su lugar dispuso un Estatuto Provisional de Educación el día 25 de mayo del año 1949. El propósito fundamental del nuevo instrumento normativo fue facultar al Ejecutivo para cambiar la directiva de los colegios e instituciones de educación del país así como a los rectores de las universidades públicas. En materia de mejoramiento de las condiciones del magisterio, el régimen militar creó el 23 de noviembre de 1949 el Instituto de Prevención y Asistencia Social para el personal del Ministerio de Educación (Ipasme). El día 17 de noviembre de 1950 fundó de igual manera el Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio.

El general Marcos Pérez Jiménez, quien asumió la Presidencia de la República en el año de 1952, se preocupó por adelantar el proyecto del Nuevo Ideal Nacional, entre cuyos objetivos estaban el aprovechamiento de los recursos naturales y la transformación del espacio físico para garantizar las condiciones existenciales de los venezolanos. Sobre la base de esta idea el 27 de junio de 1951 se inició el Plan Nacional de Edificaciones Escolares. Se desarrollaron las obras y se inauguró el campus de la Universidad Central de Venezuela, a pesar de que la casa de estudios fue clausurada nuevamente por razones políticas.

En otro plano de acción, el 22 de agosto de 1953 se creó el Reglamento Orgánico de Universidades Privadas. Importantes instituciones de la educación superior como la Universidad Católica Andrés Bello comenzaron a impartir clases durante este período. En este mismo orden de ideas, se incorporó a los planes de estudios de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad Católica Andrés Bello la formación de docentes en sus respectivas Escuelas de Educación, terminando de esta manera con el monopolio que tenía desde el año de 1936 el Instituto Pedagógico Nacional en esta materia(40).

El Nuevo Ideal Nacional contemplaba una serie de principios que se incluyeron en la Ley de Educación del 25 de julio de 1955 y trastocaron el proceso evolutivo que se venía gestando en esta área. Su esencia radicaría en la disciplina y el apoliticismo docente(41). En su artículo 1º estableció que la finalidad de la educación sería la «formación y desarrollo intelectual de los habitantes del país», para buscar su mejoramiento moral y físico, eliminando del proceso educativo cualquier objetivo de formación política. Sin embargo, la dictadura militar cayó el día 23 de enero de 1958, dando paso a una nueva etapa de modernización del sector.

La masificación de la educación

A partir del año 1958 comenzó un proceso político en Venezuela que daría estabilidad a las instituciones del Estado, lo que a su vez propiciaría la instauración de un sistema educativo que llevaría al país a lograr importantes avances en la materia con positivos efectos en la consolidación del modelo democrático, así como en la materialización de significativos cambios en la sociedad venezolana.

El principal interés de los actores políticos en el año de 1958 fue evitar la instauración de cualquier nuevo gobierno dictatorial en el país, por ello, los líderes de los principales partidos políticos del momento, Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) representados por Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera respectivamente, firmaron un acuerdo de gobernabilidad para evitar que el incipiente sistema político sucumbiera ante cualquier intento militarista o divisionista. Este Pacto de Punto Fijo, como se le conoció, a través de sus candidatos presidenciales presentó el día 31 de octubre de 1958 una «Declaración de principios y programa mínimo de gobierno». En materia educativa se precisaban seis puntos:

1) Fomento de la educación desde el preescolar hasta la universidad; 2) Revisión total del sistema para adaptarlo a las necesidades del desarrollo económico y cultural del país; 3) Erradicación del Analfabetismo; 4) Intervención del Estado en la educación sin detrimento del principio de libertad de enseñanza; 5) Protección y dignificación del magisterio; y 6) Defensa de los valores históricos y artísticos(42).

En materia de políticas gubernamentales para erradicar el analfabetismo durante el período de la democracia representativa se registró una mejora sustancial en las cifras de venezolanos que tuvieron la oportunidad de aprender a leer y escribir aprovechando los programas oficiales desarrollados para tal fin. En una investigación especializada sobre el tema se afirma lo siguiente:

Con el advenimiento de la democracia en 1958, la política del gobierno nacional se orientó a la democratización del proceso educativo, incorporando en sus estrategias la alfabetización de la población. La democratización del servicio vendría desde varias vertientes: expansión de la matrícula escolar, implementación de programas de alfabetización y formación de obreros calificados por intermedio del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), política que incidió en el desarrollo cuantitativo del sistema(43).

Esta política, señala este mismo estudio, se tradujo en cifras importantes sobre la materia. Según los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas, para el año de 1961 la población del país era de 7.869.460 habitantes, la tasa de alfabetización era del 55,2% (3.525.518 personas alfabetizadas), y la tasa de analfabetismo de 44,8%. En tanto que para el año de 1971, la población había aumentado a 11.093.557 habitantes, la tasa de alfabetización se ubicaba en 77,1% (2.540.424 personas alfabetizadas) y la tasa de analfabetismo estaba en 22,9%(44).

La necesidad de otorgar espacios y oportunidades educativas a todos los asociados de la nación constituyó a partir de 1958 y en adelante un derecho fundamental, por ello el propósito estratégico fue alcanzar la masificación en todos los niveles de la educación. Se trataba de una respuesta histórica al sistema restrictivo que se mantuvo en varias etapas del desarrollo formativo nacional. Este propósito generaría también, como efecto directo, la ampliación de la mano de obra especializada requerida para afrontar el proceso de industrialización que impulsaría al país hacia el progreso y, además, la masificación sería una garantía para la subsistencia del régimen democrático. La experiencia histórica de dictaduras militares había generado una consecuencia en la trama de la enseñanza en el país:

El acceso masivo al sistema escolar se consideraba importante por razones ideológicas y económicas. La razón ideológica fundamental era el mantenimiento de la Democracia, la educación era la mejor defensa del régimen y su mayor diferencia(45).

Por estas razones el gobierno comenzó a trabajar desde un primer momento para lograr estos objetivos. El 5 de diciembre de 1958 sancionó el Decreto Ley 458 de Universidades que establecía el sistema de cogobierno en su organización y administración. El día 22 de marzo de ese mismo año se reabrió la Universidad de Carabobo. El 22 de noviembre se creó la Universidad de Oriente. En 1967, el 18 de julio, se creó por decreto la Universidad Experimental de Caracas, renombrada posteriormente como Universidad Simón Bolívar.

Para alcanzar el objetivo estratégico de formar cuadros técnicos con los cuales poder atender las demandas de los crecientes procesos de industrialización y de reforma agraria necesarios para el crecimiento económico del país, el presidente Rómulo Betancourt, el día 22 de agosto de 1959, creó el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE). Un año antes, el 30 de abril, se había puesto en funcionamiento con propósitos similares la Dirección de Educación Artesanal Industrial y Comercial. En 1966 se puso en marcha el Departamento de Educación Técnica del Instituto Pedagógico de Barquisimeto(46).

En materia de organización institucional, el 30 de septiembre de 1958 se estableció la Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República (Cordiplan) y el 7 de agosto de 1959, se hizo otro tanto con la Oficina de Planeamiento Integral de la Educación (Eduplan).

Un temprano impulso al sector de la educación que se venía adelantando ocurrió en el año de 1961 cuando se sancionó y promulgó la Constitución Nacional. La carta magna establecía como derecho la obligatoriedad del Estado de garantizar el acceso, sin restricciones, al sistema educativo, además de disponer la gratuidad de todos los ciclos o niveles de la educación. Este mandato constitucional reforzó las aspiraciones de muchos venezolanos de lograr ascenso social y alcanzar prosperidad. Desde este momento «la población veía a la educación como el medio para el ascenso social y económico»(47).

El presidente de la República Rafael Caldera (1969-1974), en su «Lección inaugural» por el inicio de actividades de la Universidad Simón Bolívar el día 19 de enero de 1970, confirmó el impacto socioeconómico generado por la educación en Venezuela:

Tenemos el orgullo al encontrar en las viviendas más humildes, en los ranchos a los cuales no ha llegado todavía la plenitud del proceso social, la esperanza de participación activa que resulta para la familia humilde el estudiante en el liceo y en la universidad. Estas son conquistas de nuestro país que en ningún momento podemos comprometer, que tenemos que afianzar y fortalecer. Tenemos que saber que los sectores dirigentes han de surgir de todas las clases sociales, que la clase más numerosa debe participar cada vez más en ella, para poder ejercer desde allí una tarea que beneficie a todo el mayor número de venezolanos(48).

Para fortalecer aún más este proceso, el 6 de agosto de 1973, con la asesoría del Consejo Nacional de Innovaciones Científicas y Tecnológicas; la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo se creó el Centro para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia. En esta misma línea de acción se mantuvo sostenidamente un proceso de democratización de la enseñanza que se tradujo en la fundación de un importante número de instituciones que ofrecieron carreras cortas e intermedias que constituyeron opciones para facilitar a «todos los que aspiren continuar estudios a este nivel»(49).

Una destacada investigadora del tema sostiene: «Se diversificaron y multiplicaron las instituciones, creándose los colegios universitarios de tecnología, los institutos politécnicos y los institutos universitarios privados»(50). De 10 instituciones de educación superior existentes en 1969, se pasó en 1979 a 64: 13 universidades, cinco institutos pedagógicos, 13 institutos universitarios de tecnología, cuatro institutos universitarios politécnicos, siete colegios universitarios, cuatro universidades privadas, un instituto pedagógico privado, cinco colegios privados y 12 institutos universitarios privados(51).

Otras instituciones que también aparecieron en estos años de expansión se enumeran a continuación:

En 1977 se crea la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda con sede en Coro (Edo. Falcón), la Universidad Experimental de los Llanos Centrales Rómulo Gallegos, con sede en San Juan de los Morros (Edo. Guárico) y la Universidad Nacional Abierta; en 1979 se constituye la Universidad Tecnológica del Centro, mientras que entre 1982 y 1987 entran en funcionamiento la Universidad Experimental de Guayana, la Universidad Experimental Rafael María Baralt, la Universidad del Sur del Lago, la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, la Universidad José María Vargas, la Universidad Cecilio Acosta, la Universidad Bicentenaria de Aragua y la Universidad Nororiental Gran Mariscal de Ayacucho(52).

Como realización paradigmática y novedosa en materia de educación, el gobierno nacional por medio del Decreto Nº 132 del 4 de junio de 1974 creó el programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho. El 13 de septiembre de ese año, salieron al exterior los primeros 1.000 becarios. Entre las áreas prioritarias se encontraban ingeniería petrolera, desarrollo tecnológico y siderurgia, para hacer frente al proceso de nacionalización de las empresas básicas contemplado en el V Plan de la Nación(53).

Aprovechando la bonanza petrolera generada por los ingresos extraordinarios producto de las alteraciones del mercado acaecidas por la guerra del Yom Kippur de 1973, se contó con recursos excedentarios para financiar los estudios, en reconocidas universidades del mundo, de jóvenes venezolanos de todos los niveles socioeconómicos de educación media y universitaria en variadas disciplinas y áreas. Era la época de la «Gran Venezuela». Un beneficiario del proyecto relató cómo fue el proceso nacional de selección:

…el Programa de Becas «Gran Mariscal de Ayacucho» fue realizado a nivel nacional en forma masiva, por personal del área educativa enviado a todos los planteles o liceos en las principales ciudades de la República, y se entregaba una planilla a todos los estudiantes del 4to y 5to año de bachillerato (…). La planilla de este programa de becas pasó a las manos de toda una generación de estudiantes en todos los liceos de la nación, (…) se abrían para estos jóvenes, posibilidades nunca pensadas en ciertos estratos socio-económicos, o en las poblaciones del interior de la nación. El único requisito importante que se solicitaba en esa planilla, era el de tener excelentes o buenas notas académicas (…). En todas las capitales de los estados del país, por ejemplo en las oficinas de los principales liceos y en las sedes de las zonas educativas correspondientes, se colocaron grandes buzones para recibir estas planillas con las postulaciones para estas becas(54).

El relato registra la concepción nacional, plural y/o universal del proyecto de formación adelantado por el Estado venezolano. Luego de dos décadas de ejecución del programa, «la “Fundación” pudo otorgar 34.014 becas: 63% en el exterior y el 37% restante distribuido en centros educativos locales»(55).

Un impulso sostenido y sistemático al desarrollo de la organización y la calidad del sector universitario del país, por parte del Estado, se visualiza en la creación de mecanismos para el mejoramiento académico e incentivos socioeconómicos destinados el sector. En 1980 se ejecutó por primera vez de forma opcional o voluntaria la prueba de actitud académica a objeto de analizar la orientación y «dirigir la selección y administración del subsistema de educación Superior». De igual manera, en pos de fomentar la investigación científica se promovió el Programa de Promoción del Investigador por el Consejo Nacional de Innovaciones Científicas y Tecnológicas; se puso en marcha el Programa de Estímulo al Investigador en la Universidad Central de Venezuela y la Universidad de los Andes y el Programa de Estímulo a la Excelencia del Vicerrectorado Académico de la Universidad del Zulia(56).

El Estado invirtió recursos económicos considerables y sostenidos entre los años 1958 y 1998 para lograr unos niveles de escolaridad elevados en comparación con los de la región. «La tasa de escolaridad en el nivel superior era de 31,4 % (1994) considerada por la Cepal como la segunda más alta de América Latina»(57). Este fue el más importante aporte de los gobiernos de la etapa de la democracia representativa de Venezuela al proceso de conformación y consolidación del sector de la educación nacional.

Estas realizaciones colocaron al país en un lugar destacado en el subcontinente al observar, por más de tres décadas, un reconocido sistema educativo que facilitó a la mayoría de la población del país el libre y masivo acceso al mismo.

Las estadísticas señalan que para el año escolar 1982-1983, Venezuela tiene en funcionamiento 15.950 planteles (13.997 oficiales y 1.953 privados), con una matrícula de 4.746.037 alumnos (4.077.750 en los planteles públicos y 668.287 en los privados); atendidos por 207.921 docentes (174.273 oficiales y 33.648 privados)(58).

Otras estadísticas dan cuenta de este proceso de crecimiento en el campo de la educación: entre 1958 y 1967 hubo un importante aumento porcentual en el número de estudiantes de todos los niveles educativos del país; en 1958 había 5.067 alumnos en el nivel preescolar en tanto que para 1967 la cifra subió a 34.193 (un aumento del 576%). En 1958 en el nivel de primaria se tenía una matrícula de 775.586 cursantes, en 1967 esta era de 1.380.500 (un incremento del 78%). La cantidad de maestros también se elevó de 19.247 docentes en 1958 a 38.395 en 1967 (un crecimiento del 99,5%). Las edificaciones educativas vivieron una eclosión: de 1.533 existentes en 1958 se llegó a 4.006 en 1967 (un aumento del 161%). En educación media se pasó de un total de 76.684 alumnos en 1958 a 343.273 en 1967 (un incremento de 348%). En el nivel de educación superior en estos mismos años, de 14.474 alumnos la cifra ascendió a 54.840 (un aumento de 279%). El número de profesores de este nivel también subió, de 1.825 se pasó a 5.945 (un incremento del 226%)(59).

Durante cuatro décadas se mantuvo el crecimiento de la educación de masas en el país. Para el año escolar 1998-1999 hubo una matrícula que reflejó el aumento de estudiantes en todos los niveles educativos: 757.967 alumnos en preescolar, 4.299.671 en básica, 470.211 en media, 400.794 en diversificada, 69.417 en profesional y en el nivel superior 796.350 estudiantes60. Estas sumas indicadoras de los inscritos en todos los niveles del sistema escolar constituyen el efecto de las políticas extensivas, masivas y plurales de inclusión educativa que la estabilidad política e institucional generada desde el año de 1958 produjo en Venezuela.

El fenómeno educativo de masas en el país durante las últimas décadas del siglo XX, generó un significativo efecto social, a saber, la creación progresiva de una clase media profesional que se desempeñó en los distintos ámbitos de la economía nacional, impulsando de manera especial, hasta la década de los años ochenta, los ascendentes sectores industrial, manufacturero y de servicios calificados nacionales, los cuales asimilaron esta mano de obra generando un inédito proceso de ascenso social de las familias de los nuevos profesionales. Los estudios demográficos han confirmado esta relación socioeducativa:

Sea que se consideren las tasas brutas y globales de participación —población económicamente activa (PEA) población total (PT)— o bien las tasas específicas — PEA/población mayor de 15 años—, lo que muestran las estadísticas más representativas es que al menos hasta 1980 (…) los valores de esos indicadores eran bajos (…), el examen de este período (1970-1980) ha puesto de relieve, además de la estructura de edad y sexo, la importancia de los niveles diferenciales de educación, como factores determinantes de esa baja participación laboral61.

Desde la década de 1950 este proceso había comenzado a revertirse hacia situaciones positivas reflejadas en una población económicamente activa con altos niveles de formación.

Esta situación experimentó una mejora importante entre comienzos de los cincuenta y fines de los setenta, a medida que se diversificaba y modernizaba rápidamente la estructura sectorial de las actividades de la economía. Aunque la evolución no eliminó el peso muerto del subempleo laboral, con raíces históricas de índole económica y cultural muy profundas, permitió, no obstante, elevar considerablemente el número y porcentaje de trabajadores que se desempeñaban en oficios de alta y creciente productividad(62).

La implementación de políticas de educación masiva coadyuvó entonces al surgimiento y crecimiento de un importante sector, la clase media profesional en Venezuela, factor social distintivo del país durante las últimas décadas del siglo XX:

Solamente a partir de 1936, bajo la influencia del cambio político y de una transformación profunda de la estructura económica, pudo esa lamentable situación [la pobreza de grandes masas de la población] experimentar un cambio sensible, que conllevó, por vez primera y hasta ahora única en la historia de la nación, la reducción de los índices de pobreza y el desarrollo de importantes sectores de clase media(63).

Escuela José Martí, Sarría, Caracas. De la serie: Venezuela cotidiana, 2004: Aaron Sosa. ©Archivo Fotografía Urbana

Conclusiones

La conformación, estructuración e implementación de políticas para el sistema educativo venezolano estuvieron determinadas desde las últimas décadas del siglo XIX por dos factores esenciales: los objetivos de los gobiernos de turno y las filosofías, doctrinas y modelos educativos y pedagógicos imperantes en cada una de las etapas del siglo XX.

Bajo el régimen centralizador y positivista de Antonio Guzmán Blanco, instaurado en el año de 1870, se diseñó e implementó un sistema educativo universal, gratuito y obligatorio para la instrucción inicial que perduraría hasta la primera década del siglo XX. Otro aspecto que influyó en la permanencia de este modelo fue el apoyo sostenido en todos los ámbitos educativos e intelectuales del país, fundamentalmente en el universitario, a los principios de la filosofía positiva que propuso la llegada de una nueva etapa para la sociedad en la que la educación debía ser «Universal», a fin de superar el carácter privilegiado y restrictivo que tuvo bajo el imperio escolástico que se encontraba en proceso de superación.

Desde el primer año del siglo XX se instauró en Venezuela un régimen político centralizado que logró desarrollar las bases de las instituciones del Estado moderno, sin embargo, los conflictos civiles armados y los retos presentados por las potencias europeas contra el gobierno de Cipriano Castro hicieron que el tema educativo en el país cayera en un estancamiento, específicamente en el sector universitario, al no contar el régimen con los recursos necesarios para impulsar su crecimiento.

Durante el período de gobierno de Juan Vicente Gómez tomaron fuerza nuevamente los postulados del positivismo como guías del modelo de educación que se quiso implementar. Ministros e intelectuales del momento hicieron propuestas para adecuar el sistema educativo nacional a los propósitos estratégicos del régimen y a los recursos económicos con los que se contaban producto del inicio de la riqueza petrolera para el país. Destacó la medida de la educación restrictiva, de calidad, en contraposición a la extensiva o de cantidad, sustentada en un proceso centralizador de la educación bajo el control del Estado. Además, la mayoría de las propuestas quedaron en eso, en formulaciones de intenciones e ideas que no lograron materializarse por diversidad de razones y de esta manera el sector continuó, no obstante significativas reformas, en una fase de estancamiento.

La apertura democrática iniciada bajo el mandato de Eleazar López Contreras propició que los más diversos sectores del país, como lo fueron los docentes, los gremios educativos, los partidos políticos que iniciaban vida y muchos otros más, expresaran sus ideas acerca de la situación así como posibles fórmulas para el mejoramiento del sistema educativo nacional. Debían superarse los niveles de analfabetismo; dotar al país de escuelas e instituciones de educación amparadas o guiadas por el modelo de la Escuela Nueva o Escuela Activa que se conoció y difundió durante ese momento histórico para superar los postulados positivistas, y que se sustentaría en la propuesta superior de un Estado de Bienestar.

A raíz de la trama política iniciada el 18 de octubre de 1945, vertiginosamente se desarrolló un proceso de inclusión de las masas en el sistema educativo a través de la implementación de normativas legales y reglamentarias tendentes a este propósito. Además, hubo la oportunidad para que sectores no reconocidos de nuestra sociedad se incorporaran con derechos y deberes a la obra. Las más innovadoras propuestas pedagógicas desarrolladas a nivel universal fueron puestas en práctica en Venezuela durante esos años. Este movimiento sufrió nuevamente una detención al volver a imponerse una dictadura militar en el país desde el año de 1948. Sus jerarcas defendieron la creación de un modelo educativo basado en intereses coyunturales sustentados en la doctrina del Nuevo Ideal Nacional, que privilegió la creación de infraestructura escolar por encima de los contenidos y formas para el desarrollo de un prototipo educativo integral.

A partir del año de 1958 se instauró en Venezuela el modelo de la democracia representativa. Con el consenso de los principales actores políticos y con los recursos económicos generados por la industria petrolera se logró dar estabilidad política e institucional a la nación, un estado de vida que propició el desarrollo, desde el primer momento de esta etapa, de un modelo extensivo, masivo de educación que logró alcanzar altos niveles de participación e innovación en todos los sectores del sistema educativo. Como efectos de esta política, el país registró el aumento considerable del número de alumnos, de profesores así como el crecimiento de las edificaciones para la enseñanza, y con ello se logró el mejoramiento económico de muchas familias una vez que se fue formando una clase media profesional que se insertó en los sectores productivos y propició, de esta manera, un modélico proceso de ascensión socioeconómico que constituyó uno de los factores distintivos de la sociedad venezolana del siglo XX.

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Notas:

Gustavo Vaamonde es historiador. Profesor de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela. Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia.

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(2) Para una revisión de este período histórico ver: Elías PINO ITURRIETA (Coord.), Cipriano Castro y su época, Caracas, Monte Ávila, 1991; Mariano PICÓN-SALAS, Los días de Cipriano Castro, Caracas, Monte Ávila Editores, 1991; Nikita HARWICH VALLENILLA, Asfalto y revolución; La New York and Bermúdez Company, Caracas, Monte Ávila, Funres, 1993.

(3) Guillermo Todd, Informe del inspector técnico de escuelas y colegios federales sobre reforma escolar. 1913. Citado por Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la educación venezolana». En: Asdrúbal Baptista, José Balza y Ramón Piñango (Eds.), Suma del pensar venezolano (Sociedad y cultura. Orden Social), Tomo I, Libro 2, Caracas, Fundación Empresas Polar, 2011: 541.

(4) Para revisar este período gubernamental y las políticas de instrucción ver: Gustavo Vaamonde, Oscuridad y confusión (El pueblo y la política venezolana del siglo XIX en las ideas de Antonio Guzmán Blanco), Caracas, Fundación Polar, Universidad Católica Andrés Bello, 2004; Luis Antonio BIGOTT, «Ciencia positivista y educación popular en la segunda mitad del siglo XIX». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana (6 ensayos), Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 2011: 105-134.

(5) Para finales del primer período del gobierno de Guzmán Blanco, conocido como el de la Regeneración Nacional o el Septenio (1870-1877), existían, según el pedagogo Guillermo Todd, «mil escuelas de un sólo maestro para ambos sexos en las principales poblaciones de la República». Guillermo Todd, Informe del inspector técnico de escuelas…, op. cit., 451. Otras investigaciones han presentado las siguientes cifras: en 1881 había 1.148 escuelas federales en Venezuela con 43.627 alumnos y 536 escuelas municipales con 7.386 estudiantes, para un total de 1.684 planteles con 51.013 cursantes. En el año de 1887, el penúltimo del gobierno de Guzmán, se registraban 1.304 escuelas federales y 645 municipales que recibieron 78.902 estudiantes. En 1889 se reportaron 1.334 escuelas federales, 334 municipales, 311 particulares y siete episcopales. Ver: Luis Antonio BIGGOT, «Ciencia positivista y educación popular en la segunda mitad del siglo XIX», op. cit., 116-117.

(6) Guillermo LUQUE, Educación, pueblo y ciudadanía, Caracas, Ministerio de Educación, Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2006: 24-25.

(7) Eduardo BLANCO, «Exposición que presenta el ministro de Instrucción Pública al Congreso de los Estados Unidos de Venezuela en sus sesiones ordinarias de 1904». Citado por Guillermo LUQUE, Educación, pueblo y ciudadanía, Ibid., 25.

(8) Ibidem.

(9) Citado por José María AIZPÚRUA, Solange ORTA y otros, «Universidades». En: Diccionario de historia de Venezuela, Tomo 4, Caracas, Fundación Polar, 1997: 131.

(10) Guillermo LUQUE, Educación, pueblo y ciudadanía, op. cit, 27.

(11) Ibidem.

(12) Memoria de Instrucción Pública, 1912. Citado por Leonardo CARVAJAL, «Educación y política en la Venezuela gomecista (1908-1935)». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 156.

(13) Memoria de Instrucción Pública, 1912. Citado por Guillermo LUQUE, Educación, pueblo y ciudadanía, op. cit., 29.

(14) Leonardo CARVAJAL, «Educación y política en la Venezuela gomecista (1908-1935)». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 156.

(15) Ibid., 157.

(16) Citado por Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la educación venezolana», op. cit., 452.

(17) Ibidem.

(18) Ibid., 453.

(19) Leonardo CARVAJAL, «Educación y política en la Venezuela gomecista (1908-1935)». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 153.

(20) Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la educación venezolana», op. cit., 455.

(21) Leonardo CARVAJAL, «Educación y política en la Venezuela gomecista (1908-1935)». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 154.

(22) Guillermo LUQUE, Educación, pueblo y ciudadanía, op. cit, 31.

(23) Ibid., 38.

(24) Ibidem.

(25) Durante la gestión del ministro Felipe Guevara Rojas el número de planteles se redujo a 775 en todo el país, acompañadas de solo 50 escuelas graduadas. Ibid, 31. El investigador Leonardo Carvajal llegó a la siguiente conclusión: «Señalé anteriormente que ella [Educación Primaria] creció de forma sostenida, pero muy lentamente, a lo largo del período. Esa tasa de crecimiento fue, en contraste con el 622%, de la universitaria, del 250%, lo cual evidencia la coherencia entre la teoría y la práctica del gobierno gomecista, pues desembozadamente sus ideólogos señalaron que la prioridad era la formación de élites». Leonardo CARVAJAL, «Educación y política en la Venezuela gomecista (1908-1935)». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 168.

(26) «Plan de Barranquilla», 22 de marzo de 1931. En Rómulo Betancourt, Antología política, 1928-1935, Tomo I, Caracas, Editorial Fundación Rómulo Betancourt, 1990: 242.

(27) Ángela ANGULO, El Instituto Pedagógico Nacional. Autoconstrucción y aportes. (Aproximación a un problema de la historia contemporánea de Venezuela), Caracas, Fondo Editorial de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, 2007: 40.

(28) Federación Venezolana de Maestros, 1936. Citado por Ángela ANGULO, Ibid., 41.

(29) Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la educación venezolana», op. cit., 454.

(30) «La Escuela Nueva es un movimiento de renovación educativa surgido a finales del siglo XIX en Europa, a la luz de las nuevas condiciones históricas impuestas por la creciente industrialización. Uno de los pioneros es el educador suizo Adolphe Ferrière, que la concebía como lo opuesto a la escuela tradicional, considerando que el “impulso vital espiritual” era la raíz de la vida y la fuente de toda actividad humana. La educación, para él, debía proponerse a conservarla y aumentar el impulso de vida con actividades espontáneas, personales y productivas: proponía la Escuela Activa». Ángela Angulo, El Instituto Pedagógico Nacional…, op. cit., 54.

(31) Para profundizar en la obra de Luis Beltrán Prieto Figueroa y la Escuela Nueva pueden verse: Luis Beltrán PRIETO FIGUEROA y Luis PADRINO, La Escuela Nueva en Venezuela, 1940; Luis Beltrán PRIETO FIGUEROA, El humanismo democrático y la educación, Caracas, Editorial Las Novedades, 1958, y del mismo autor, El Estado docente, Caracas, Fundación Luis Beltrán Prieto Figueroa, Ministerio de Educación y Deportes, Fundación Biblioteca Ayacucho, 2006.

(32) «Programa de Febrero», 21 de febrero de 1936. En: Naudy SUÁREZ FIGUEROA (Comp.), Programas políticos venezolanos de la primera mitad del siglo XX, Caracas, Colegio Universitario Francisco de Miranda, Universidad Católica Andrés Bello, 1977: 132.

(33) Ángela ANGULO, El Instituto Pedagógico Nacional…, op. cit., 67.

(34) Guillermo LUQUE, «Educación y democratización 1936-1958». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 217.

(35) Ibid., 219.

(36) Guillermo LUQUE, Educación, pueblo y ciudadanía, op. cit., 64.

(37) Luis Beltrán PRIETO Figueroa, «Exposición de motivos al Proyecto de Ley Orgánica de Educación Nacional. 1948». Citado por Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la Educación venezolana», op. cit., 565.

(38) Ibid., 569.

(39) Rómulo BETANCOURT, Venezuela, política y petróleo, Madrid, Seix Barral, 1979: 491-493.

(40) Ver Guillermo LUQUE, Educación y democratización 1936-1958, op. cit.

(41) Ibid., 244.

(42) Nacarid RODRÍGUEZ TRUJILLO, «Las cuatro décadas de la democracia». En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana…, op. cit., 257.

(43) Ramón Alexander UZCÁTEGUI PACHECO y Luis BRAVO JÁUREGUI, «La alfabetización en Venezuela según la perspectiva y las cifras de Memoria Educativa», Trayectorias humanas transcontinentales, N° 2, 2017. Disponible en: http://dx.doi.org/10.25965/trahs.543 (Consulta: 15 de junio de 2020).

(44) Ibidem.

(45) Nacarid RODRÍGUEZ TRUJILLO, «Las cuatro décadas de la democracia», op. cit., 258.

(46) Ibid., 259-260.

(47) Ibid., 267.

(48) Rafael CALDERA, «Lección inaugural en la Universidad Simón Bolívar», citado por Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la Educación venezolana», op. cit., 573.

(49) «Congreso Nacional de Educación: La educación no formal», Caracas, 15 al 21 de enero de 1989. Citado por Nacarid RODRÍGUEZ TRUJILLO, «Las cuatro décadas de la democracia», op. cit., 284.

(50) Ibidem.

(51) Cifras presentadas por Nacarid RODRÍGUEZ TRUJILLO, «Las cuatro décadas de la democracia», op. cit., 285.

(52) Henry HERRERA y Solange ORTA «Universidades». En: Diccionario de historia de Venezuela, Tomo 4, op. cit., 135-136.

(53) Fundayacucho, El Universitario informativo. Disponible en: https://facultad-ciencia-de-la-salud-informacion-no-oficial.webnode.com.ve/fundyacucho/ (Consulta: 26 de marzo de 2020).

(54) «Alumni en Venezuela de universidades alemanas», Sábado 29 de octubre de 2011. Disponible en: http://averfa.blogspot.com/2011/10/1975-el-primer-envio-de-becarios.html (Consulta: 26 de marzo de 2020).

(55) Alcides LÓPEZ-ORIHUELA, La educación función social del Estado, Caracas, M. J. Editores C.A., sf: 95. Sobre el Programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho puede verse el estudio de Humberto RUIZ CALDERÓN, Tras el fuego de Prometeo. Becas en el exterior y modernización en Venezuela (1900-1996), Mérida, Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico, Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Nueva Sociedad, 1997.

(56) Nacarid RODRÍGUEZ TRUJILLO (Comp.), Historia de la educación venezolana, op. cit., 322.

(57) Ibidem.

(58) Rafael FERNÁNDEZ HERES, «Direcciones en la educación venezolana», op. cit., 182. Un estudio exhaustivo del mismo autor sobre el proceso educativo venezolano puede verse en su obra Memoria de cien años. Historia de la educación venezolana, Caracas, Ministerio de Educación, 1981.

(59) Cuadro I. Crecimiento de la educación oficial desde 1958 a 1967. En: Nacarid Rodríguez Trujillo (Comp.), Historia de la educación venezolana, op. cit., 333.

(60) Cuadro 10. Matrícula y porcentaje de incremento en los diferentes niveles del sistema escolar. Años 1990-1999. Ibid., 338.

(61) Héctor VALECILLOS, «Población y dinámica demográfica». En: Asdrúbal BAPTISTA, José BALZA y Ramón PIÑANGO (Eds.), Suma del pensar venezolano, Tomo I, Libro 1, op. cit., 18-19.

(62) Ibidem.

(63) Ibid., 21.

 

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