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Gallegos recibe la banda presidencial de manos de Betancourt

Por Milagros Socorro

La copa repleta parece un farol. Sorprende que en una escena tan solemne un vaso de agua tenga tanto poder de atracción. ¿Cuál de los dos hombres va a coger la húmeda flor por el tallo cuando termine la ceremonia? ¿Para quién será el premio radiante de frescura? ¿Para el que ya cumplió con su papel histórico (de momento) o para el que apenas empieza una peripecia que sabe erizada de amenazas? El provocativo cáliz simboliza el útero que ha de gestar la pospuesta democracia venezolana, el oasis tras la prolongada andadura por el desierto militarista y —no lo sabe el fotógrafo— que no tardará en asomar en el panorama.

En cualquier país un vaso de agua helada en una foto puede pasar desapercibido, pero no en Venezuela donde, doce años antes del momento captado por la fotografía, en 1936, estalló una huelga petrolera entre cuyos reclamos estaba el de agua con hielo para los obreros en los centros de trabajo.

No hay duda, pues. El luminoso recipiente cuya gelidez casi sentimos en los dedos al contemplar la foto será para el que emerja de ella con el poder. Es el trofeo. El elixir. Aunque el último trago, el del fondo, sea amargo.

Esta imagen, de autor desconocido, capta el momento en el que Rómulo Gallegos (izquierda) recibe la banda presidencial de manos de Rómulo Betancourt (con lentes, a la derecha), en el Congreso Nacional, el 15 de febrero de 1948.

Da la impresión de que hubiera demasiadas manos en esta gráfica o que se hubieran hecho un lío al llevar a cabo un ritual que para la época es excepcional, el de la entrega pacífica del poder. Este momento clausura el gobierno que se había iniciado con el golpe de Estado al presidente Isaías Medina Angarita, el 18 de octubre de 1945; y se abren las puertas a la transmisión del poder en un marco civil e institucional.

Rómulo Gallegos, uno de los novelistas más conocidos de la hispanidad, había ganado las elecciones del 14 de diciembre de 1947, en los primeros comicios efectuados con sufragio universal, secreto, directo para hombres y mujeres de 18 años, que concluyeron con el siguiente resultado: Rómulo Gallegos, candidato por Acción Democrática (partido del que había sido cofundador, con Andrés Eloy Blanco, Betancourt y otros), obtuvo 871.752 votos; Rafael Caldera, candidato de COPEI, 264.204 votos y Gustavo Machado, candidato del Partido Comunista de Venezuela, alcanzó 36.564 votos; sobre un total de 1.183.764 votos.

En su discurso de toma de posesión, después de saludar “respetuosamente a sus contendores, Gallegos se dirigió en primer lugar al Ejército, en estos términos:

“Recoja, pues, nuestra institución armada, el honor de haber vuelto por sus fueros trocando mercenarios respaldos de apetitos de hombres de presa por virtuosas custodias de leyes y defensa de derechos; y persevere en el actual ejercicio sereno y gallardo de guardia montada en torno a la majestad de la República. Recójalo y cultívelo a fin de que nunca más prevalezcan ni las ambiciones contra los ideales ni las aventuras contra el paciente esfuerzo derechamente encaminado hacia la máxima dignidad de la Patria y la mayor felicidad posible del pueblo, que es carne y sangre de ella”.

Es un gran momento para el país, para Acción Democrática y para estos dos hombres, que desempeñaron un gran papel en sus respectivas vidas. En 1924, Rómulo Betancourt ingresa en el liceo Caracas, dirigido por Rómulo Gallegos. En 1940, cuando faltaba poco para que terminara el gobierno del presidente López Contreras, Betancourt promueve la candidatura simbólica de Rómulo Gallegos para oponerla a las aspiraciones del general Isaías Medina Angarita, quien de seguro las ganaría, como en efecto ocurrió. En mayo de 1941, el Congreso Nacional eligió al general Medina Angarita presidente de la República para el período 1941-1946. El 13 de septiembre de 1941 Medina Angarita autorizó el funcionamiento de Acción Democrática (continuación del PDN y de las organizaciones que habían apoyado la candidatura de Gallegos en el 41). Quedó, pues, oficialmente fundado el que sería “el partido del pueblo”, cuyo secretario general sería Betancourt y Rómulo Gallegos, su presidente.

El gobierno de Medina sería derrocado por el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945 y el poder pasa a manos de la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt e integrada por siete miembros, dos militares y cinco civiles. Las elecciones de 1947, que ganaría Gallegos, fueron convocadas por la Junta. Por eso es Betancourt quien le impone la banda al ganador.

Gallegos no sonríe. Tampoco va a hacerlo mientras pronuncie la alocución inaugural como jefe del Estado. En este momento tiene 64 años (y Rómulo Betancourt, 40). Está en la plenitud de la madurez y enfrenta el formidable reto de enrumbar a Venezuela por la democracia, una ruta que sabe infestada de hienas. Los peligros son muchos. De ahí ese mensaje a los militares, que es más bien la súplica de un civil que les ve las garras asomando por los puños con laureles de sus uniformes de gala.

Pero su corazón oculta un guiño jubiloso. Exactamente diecinueve años antes de este día, el 15 de febrero de 1929, salió de las prensas de la Editorial Araluce, en Barcelona, Cataluña, la primera edición de Doña Bárbara, esa criatura de su imaginación y de su pasión venezolana.

 

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