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El guardaespaldas, el expresidente y el periodista

El sábado 22 de diciembre descolgué esta fotografía de la pared donde había estado muchos años. Ese día falleció su dueño, el periodista José Suárez Núñez, nacido el 19 de octubre de 1928 en San Felipe, provincia de La Habana, Cuba. Tenía 90 años, casi 60 de los cuales vivió en Venezuela cuya nacionalidad adoptó.

Era la voluntad de José que esta imagen, en cuyo extremo derecho aparece, ingresara a la colección del Archivo Fotografía Urbana. Fue tomada, por autor desconocido, en 1972, cuando Rómulo Betancourt regresó al país tras larga estadía fuera. En la entrada del Diccionario de Historia de Venezuela de Polar, correspondiente al de Guatire, Ramón J. Velásquez escribió que: “En abril de 1964, después de hacer entrega de la Presidencia, Betancourt viajó a Estados Unidos y a los países asiáticos, con el propósito de finalizar su viaje en Europa donde había decidido residenciarse durante varios años, domiciliándose primero en Nápoles y luego en Berna. Era su propósito conocer la realidad europea y evitar, en lo posible, su intervención en la marcha del nuevo gobierno acción-democratista. En marzo de 1972, regresó a Venezuela y, ante los rumores sobre una nueva posible candidatura presidencial suya, anunció al país que como lo había dicho en marzo de 1969, no volvería a aspirar a la dignidad presidencial, pues consideraba que podía ser útil al país desde la posición histórica que había alcanzado”.

El guardaespaldas

A la izquierda de la foto, rezagado con respecto a Betancourt, está Héctor Del Moral. En su libro Vida en familia (Caracas, 2007), Virginia Betancourt Valverde, única hija de Rómulo, esta alude a Del Moral en los siguientes términos: “Jefe de la guardia civil, de la ‘vieja guardia’ coriano, venezolano de pura cepa. Durante la dictadura de Pérez Jiménez vivió la clandestinidiad por su militancia adeca. Gozaba de la más alta estima y confianza de Rómulo, lo acompañaba en las jornadas políticas, mitines y concentraciones desde 1945. En la época posterior al quinquenio, siguió bajo las órdenes de RB cuando este vivió en Nápoles y Berna. A solicitud de Rómulo, los integrantes de la guardia civil debían asistir con regularidad a prácticas de tiro en el Polígono de Fuerte Tiuna, donde tenían un instructor peruano y mantenían actualizados en técnicas de defensa con el armamento y limpieza de las armas. Del Moral fue el encargado de coordinar estas actividades”.

—Este hombre, -sigue Virginia Betancourt- leal a Rómulo toda la vida, contó al mismo tiempo con su amistad. Cada cumpleaños que Del Moral celebró en su casa en Caracas contó con la presencia de RB, quien a su vez invitaba a su amigo José Luis Oropeza para comer el sancocho de chivo que Del Moral les ofrecía.

Alfredo Coronil Hartman, hijo de la segunda esposa de Betancourt, también lo recuerda con claridad. “Es un personaje entrañable”, dijo Coronil en entrevista para esta nota. “Héctor Del Moral, jefe de la guardia civil de Rómulo, desde el trienio, formalmente en la Presidencia Constitucional y de su custodia hasta su muerte. Cariñosamente lo titulé ‘marqués de Chablis’, por ser este su vino favorito. Después de 1964 acompañó a Betancourt en todos sus desplazamientos alrededor del mundo. Se turnaban cada seis meses él, Raúl Aristigueta y ‘el cuadrado’ Manuel Mendoza, quienes en Berna ocupaban la misma habitación, en una casa de pensión muy burguesa”.

—Gran persona y excelente amigo, el día del atentado estaba de visita en mi casa y, cuando nos disponíamos a tomarnos un café con mis abuelos, escuchamos la detonación, no obstante la gran distancia desde Los Próceres hasta La California Norte. El marqués palideció y salió corriendo. En el fondo, podría decirse que todos esperábamos algo semejante. Ese día era Raúl Aristigueta quien estaba al frente de la escolta civil y se encontraba en el carro que seguía al del Presidente. Raúl se bajó, ametralladora en mano y hasta se le fueron unos tiros. Rómulo, con aplomo imperturbable, lo llamó al orden y, como dudaran de qué hospital debía buscarse y todos pensaban en clínicas privadas, el propio Betancourt sentenció: ‘el Hospital Universitario está más cerca”. El marqués llegó allí en tiempo récord, lo encontrarás en casi todas las fotos con Rómulo”.

La foto

Esta no es la primera vez que esta imagen se divulga. Fue publicada en El Diario de Caracas, en 1981, cuando, a propósito del fallecimiento de Rómulo Betancourt, el reportero Suárez Núñez localizó al escolta para entrevistarlo. En la fotoleyenda pone: “Héctor del Moral, cuando a bordo del Federico C, acompañó a Betancourt en su retorno a Venezuela”.

En esa ocasión, la gráfica publicada solo mostró al ex Presidente y a su guardaespaldas. Suárez Núñez no apareció. De manera que es posible que esta sea la primera vez que la fotografía circula al completo.

No tenemos la entrevista que Suárez le hizo a Betancourt en el trasatlántico. El texto, por cierto, ha debido ser publicado en la revista Resumen, donde el periodista trabajaba en esa época (1972). En cambio, sí tenemos el texto de la entrevista que le dio un abrumado Héctor del Moral, muy triste ante la muerte de su jefe por 25 años (que hubieran sido 33 de no haber mediado el exilio de Betancourt de 1948 al 58). “Mientras el ex Presidente estaba exiliado”, escribió Suárez Núñez, en su nota del Diario de Caracas, el guardia “padeció las cárceles en La Modelo y Guasina. Con 63 años a cuestas, Héctor del Moral, fornido, canoso, sobrio, recuerda con frescura aquella primera campaña electoral de 1958 al lado de Betancourt como su escolta. ‘Fue una campaña fuerte, agresiva, muy rápida, de unos 40 días. Recorrimos todo el país por carretera en un Buick blanco del partido, que luego se lo prestaron al presidente dominicano Juan Bosch. Éramos solo tres los escoltas que acompañamos en esa campaña a Betancourt: Santos Gómez, Manuel Mendoza y yo’”.

—¿Cuál fue el momento más difícil de Betancourt? –preguntó Suárez Núñez.

—Cuando le hicieron el atentado en Los Próceres –le respondió Del Moral-. La noche anterior no se sentía bien. No tenía intenciones de ir, pero a última hora se decidió. No pude estar con él, porque me había encomendado una gestión en Baruta.

—¿Y el más feliz?

—No cabe duda, y lo decía con satisfacción: cuando le entregó el poder a Leoni. Sobre el duro trabajo de estar en el Gobierno, recuerdo que en una ocasión, cuando salíamos de Miraflores, mi compañero escolta, Manuel Mendoza, cogió el sombrero del presidente y se lo puso unos instantes. Betancourt lo vio con el sombrero puesto. Mendoza un poco preocupado, para escapar de aquella situación, lanzó un chiste:

“Presidente, me lo puse para ver si se me pega algo”. Betancourt, sin molestarse y sonriente, le respondió: “¡Loco es lo que te vas a poner!”

—¿Trabajaba mucho Betancourt?

—No era raro que se levantara a las tres de la madrugada, y al escolta que estaba en la biblioteca lo saludaba y le pedía que le hicieran un cafecito. Me imagino que se le ocurría algo y lo iba a escribir. A veces seguía así hasta la noche. Otras veces después de trabajar dos o tres horas, regresaba a la cama.

—¿Qué va a hacer ahora?

—El Presidente me jubiló en 1978. Pero me llamaron los generales Carlos Soto y Berrios, porque al parecer vamos a ir los exescoltas a traer el cadáver desde

New York. Esto es muy duro. Para mí Betancourt fue como un padre o un hermano generoso, y aunque sé que la muerte llega a todos, me será muy difícil acostumbrarme a esta realidad.

Hasta aquí el extracto de la entrevista hecha por Suárez Núñez (a la derecha de la foto) a Héctor del Moral (a la izquierda) nueve años después de tomada esta foto.

El Ex Presidente

En el centro, entre el escolta y el periodista, camina, pipa en mano, Rómulo

Ernesto Betancourt Bello, nacido en Guatire, el 22 de febrero de 1908. En este momento tiene 64 años y va a vivir otros nueve. Ha sido una de las figuras más relevantes de su tiempo, fue Presidente de Venezuela interino, entre 1945 y 1948, y constitucional entre 1959 y 1964. Ha conocido a las personas más influyentes y talentosas, ha escrito libros y centenares de artículos de prensa. Es un hombre culto y reconocido por su honestidad.

Acaba de conceder una entrevista a este reportero cubano de 44 años. Los dos llevan algo en el bolsillo derecho del traje. Suárez Núñez (quien se ha hecho lustrar los zapatos para la ocasión), una libreta de reportero; y Betancourt, un estuche de cuero para los lentes. Ambos lucen corbatas setenteras, probablemente escogidas por señoras.

En la conversación ha debido declarar por enésima que no le interesaba regresar al poder, que su atención está concentrada en la escritura de sus memorias.

El 28 de septiembre de 1981, Betancourt murió en el Doctor’s Hospital, de Nueva York, debido a un derrame cerebral masivo. Había viajado a esa ciudad el 7 de septiembre de 1981, con su esposa, Renée Hartmann Viso.

En cuanto se enteró de la noticia, Suárez Núñez se movilizó en búsqueda de Del Moral para que evocara a su jefe.

El periodista

José (no tenía segundo nombre) Suárez Núñez nació, como hemos dicho, en un pueblito en la provincia de La Habana, en 1928. “Mi padre”, me dijo en una entrevista, “era un asturiano que emigró a Cuba en los primeros años 20 y mi madre, una canaria que también se fue para Cuba. Se casaron y tuvieron un hijo solo, lamentablemente. Mi padre era comerciante de eso que se llamaban en aquella época ‘tienda mixta’, ferretería, restaurant, venta de todo, inclusive, gasolina. Había una gasolinera afuera. Vivíamos bien, me pagaban el colegio más caro de Cuba. Pero él murió cuando yo tenía diez años y empezamos a pasar necesidad. Lo primero que tuvimos que hacer fue sacarme del colegio de los jesuitas, porque no lo podíamos pagar. Entonces me pasaron al colegio de Belén, de La Habana, donde coincidí con Fidel Castro, quien iba dos años antes que yo. Era un gran colegio, después la revolución lo convirtió en un barrio obrero”.

A los 12 años empezó a trabajar en un estanquillo donde el muchachito vendía cigarrillos. Y poco después se convirtió en líder estudiantil del Instituto número 1 de La Habana, el liceo más importante de Cuba.”Me metí en las elecciones y gané la presidencia de la federación de centros. Hasta que me expulsaron. Había una guerra de pandillas en Cuba, una se llamaba Unión Insurreccional Revolucionaria y otra, Movimiento Socialista Revolucionario. Unos y otros eran gatillos alegres, de la izquierda y de la derecha. En un enfrentamiento hubo un muerto y botaron a todos los líderes del comité ejecutivo del directorio que presidía yo. Me fui a terminar los estudios en otro instituto, pero a los tres años me aburrí y no terminé. Como nunca me gradué de bachiller, no pude ir a la universidad. Soy autodidacta”.

—En 1952,—sigue Suárez Núñez— el sargento Fulgencio Batista da un golpe de Estado y nombra ministro de Información a un señor llamado Ernesto De La Fe, quien me invita a trabajar con él. Me había conocido cuando yo era líder estudiantil y escribía mi todos los mensajes: escribía contra el gobierno, declaraba contra el presidente del instituto… El ministro me llamó a su oficina y me dijo que necesitaba alguien para escribir. Un día faltó el segundo jefe de publicidad del Palacio Presidencial y me mandaron a mí. Yo no sabía de nada de eso, pero le caí bien a la primera dama y al Presidente, y al poco tiempo yo era el segundo jefe de prensa del Palacio Presidencial”.

En 1955 ya era director de la revista semanal Gente, propiedad de Batista. “De esa publicación vendíamos 5 mil ejemplares a la semana en Caracas. Me la manejaba la Distribuidora Continental, de los Capriles, de ahí viene mi nexo con ellos. Esta revista cubría las 3P: política, pelota (por decir deportes) y putas (por decir farándula). Decíamos esto en broma, para burlarnos un poco de los periodistas que estudiaban en la universidad y se daban tono hablando de las 5W+h”.

Fue director de la revista Gente hasta el último día de 1958. El 1° de enero de 1959 Batista tuvo que huir de Cuba y Suárez Núñez fue uno de los pocos a quienes le reservaron un par de asientos (para él y su esposa) en los cuatro aviones que salieron de la isla con la comitiva presidencial fugitiva. “Yo no fui ministro ni cosa por el estilo, pero Batista me bautizó a mi hija, era mi compadre. A los voceros del gobierno los cogieron presos porque no les avisaron, a mí sí porque había esa relación. Así que me fui con él para Santo Domingo y allí viví exiliado con el depuesto Batista 8 meses y 23 días, hasta que decidió irse para Europa y tuvimos que irnos para la isla de Funchal (porque no nos dieron visa para Portugal sino para Funchal). Me sentí muy mal allí. ‘Metido en otra isla’, pensaba, ‘Cuba, Santo Domingo y ahora ésta, más chiquita cada vez’. Le pedí irme. No puso objeción. Así que me fui a Miami, donde trabajé primero en una revistica y después, vendiendo DDT. Nunca más volví a tener contacto con Batista”.

En 1963, Suárez Núñez llegó a Caracas y quedó encantado con el país. Empezó a trabajar en la Cadena Capriles, donde se destacó como reportajista y, precisamente por una serie de trabajos sobre militantes desaparecidos por la policía política de Leoni, fue detenido y expulsado del país. Se fue a Nueva York, donde al tiempo que aprendía inglés lavaba platos en el hotel Four Seasons de Park Avenue. No pasó mucho tiempo para que empezara a escribir en el diario La Prensa, la revista Tema, y la agencia United Press International, en el turno de madrugada. “Logré trabajar en el New York Times, pero a los tres meses renuncié porque conseguí puesto mejor en el New York Daily News. Siempre me voy de todas partes”.

Alrededor del año 69 regresó a Venezuela. Otra vez a la Cadena Capriles. Ahí estuvo unos pocos años y se fue a la revista Resumen, dirigida por Jorge Olavarría, donde estuvo casi tres años. En 1979 se funda el Diario de Caracas. “Hablé con el presidente del periódico, Diego Arria, y me dijo que fuera a ver a Rodolfo Terragno, el director, un periodista argentino, quien me recibió con esa petulancia tan propia de su gentilicio: ‘¿Y qué usted puede hacer aquí?, me preguntó. Yo le dije que sabía algunas cosas. ‘Sí’, me cortó. ‘Yo sé que usted trabajaba en la Cadena’. Muy distante, estaba hablando con una mosca. No me contrató, pero a la semana ya no estaba de director. Entonces fui a ver a dos tipos que conocía, Rodolfo Schmidt y Manuel Felipe Sierra. ‘¿Cuándo quieres empezar?’ me dijo Schmidt, ¿mañana?’, me dijo Schmidt. Fue él, por cierto, quien me sugirió que me dedicara a la cobertura de Energía y Petróleo”.

Eso le cambió la vida. José Suárez Núñez llegó a ser uno de los más importantes periodistas especializados en esta fuente, vital para Venezuela. Su trabajo puede verse en Petrofinanzas.com, su página web.

—Le pido un breve diagnóstico de la industria hoy, 15 de septiembre de 2015.

—Te doy algunas cifras que te darán ese diagnóstico. Cuando Chávez tomó el poder, la industria petrolera tenía una producción de 3,1 millones de barriles diarios. Ahora, según datos de la OPEP, Venezuela produce 2,5 millones de barriles. Antes de Chávez, había en nómina 40.000 trabajadores, ahora hay 140.000. Chávez botó 20.000, los más capacitados, y metió 120.000. En síntesis, PDVSA es irrecuperable.

Habrá que hacer que hacer una compañía nueva.

—¿Qué clase de periodista es usted?

—Un reportero, básicamente. Un buscador de noticia.

José Suárez Núñez murió en Caracas, el 22 de diciembre de 2018. Está enterrado en el Cementerio del Este, donde también yacen los restos de su madre, fallecida en la misma ciudad a los 92 años. Al sepelio asistió su familia en pleno: periodistas venezolanos de todas las promociones. Lo despedimos con un aplauso. De pie.

 

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