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Las paredes no mienten y el mensaje no codificado de Alexis Pérez-Luna

Por Manuel Vásquez-Ortega

En la edición #18 de la serie “Apuntes sobre el fotolibro” presentamos Las Paredes no mienten, de Alexis Pérez-Luna. En esta oportunidad el fotógrafo e investigador de la Universidad de Los Andes Manuel Vásquez-Ortega amplía nuevas consideraciones sobre la labor fotográfica del autor. A continuación compartimos el texto de Vásquez-Ortega junto a una selección de imágenes.

Expresarse a través de símbolos aparece como una necesidad propia del ser humano desde la caverna hasta nuestros días, pues la historia no tiene sentido sin la escritura del hombre, con la cual, en la forma más arcaica relató su primitiva cotidianidad a través de los muros de las cuevas hasta desarrollar métodos propios para hacer más eficiente la transmisión de sus mensajes.

Llegamos entonces al inicio de la narración de la humanidad, en el preciso momento en el que la escritura es creada en Mesopotamia en el IV milenio A.C, brindándole al hombre la infinita ―más no ilimitada― posibilidad de comunicarse con otros a través de la palabra escrita. La historia continúa su paso, siguiendo el recorrido de un péndulo que oscila entre momentos clásicos y momentos barrocos, de modernidades a contemporaneidades, encontrando entre ellos al fotógrafo Alexis Pérez-Luna, viajero sempiterno que registra en sus travesías los mensajes de ciudades y pueblos que hablan a través de sus paredes.

La honestidad de estas murallas, siguiendo la afirmación titular de su más reciente fotolibro, es mostrada en un blanco y negro característico de la obra de Pérez-Luna, con imágenes que rememoran la melancolía de Eugene Atget caminando avenidas parisinas, o a los anhelos de la Nueva York en construcción de Berenice Abbott, mientras un Alexis paseante recorre calles de tradicional presencia, sin nombres, lugares y no-lugares en medio del silencio que es sólo interrumpido por una remota voz que exclama mensajes anónimos.

Estos mensajes fotografiados juegan con lo connotativo y lo denotativo, como si vida propia tomaran a partir de sus tipos y letras, desafiando cualquier supuesto de Roland Barthes y su aventura semiólogica, en la que el autor describe el mensaje en el hecho fotográfico a partir de la comparación con dos estructuras heterogéneas pero contiguas: una, en la que la sustancia está constituida por palabras (texto); y otra, compuesta por líneas, superficies y tonos (imagen). Termina Barthes de posición firme dictando que “las dos estructuras del mensaje ocupan espacios reservados, nunca homogéneos”, como sucede en cambio en el jeroglífico, esa prehistórica expresión humana en el que la palabra y la imagen analógica se fusionan en una única línea de lectura.

Así, en el sentido más arqueológico, Pérez-Luna establece una comunicación íntima con un lugar de identidad difusa, desentrañando a través del registro de carteles, grafitis, letreros y anuncios, los secretos de un espacio atemporal, deshabitado y nostálgico de un pasado tal vez opulento, tal vez a color, pero desconocido por los observadores del fotolibro. Las imágenes se convierten entonces en jeroglíficos, agrupando las dos estructuras del mensaje fotográfico y dejando ver un poco de su historia para ser interpretada según sea la mirada.

Pero preguntas siguen surgiendo en el proceso de entenderlo visible más allá del texto de una pared que recita un “NO” en su fachada, o un cartel que notifica estar “Cerrado por inventario”. ¿Qué hay dentro de estos misteriosos cerramientos verticales? ¿Hay alguien? ¿Quién escribió el letrero?¿Quién cerró la puerta? Superamos entonces una primera capa de las verdades ocultas en estas paredes, dejando de interrogar por un instante al objeto para pensar en el hombre cuya poca presencia resuena como el zumbido del silencio absoluto.

Sigfried Giedion reflexiona en su libro El presente eterno sobre cómo el hombre prehistórico pudo haber intuido el potencial expresivo de las huellas y marcas que aleatoriamente iba dejando tras de sí en su cotidianidad; con anterioridad a este autor y con una hipótesis relacionada, el grabador Stanley Hayter imaginó cómo, quizás, el detonante para que el hombre comenzara a tomar conciencia espacio-temporal de su entorno pudo haber sido la observación de las pisadas que los seres vivos dejaban a su paso:“Hayter pensó que el hombre prehistórico, al volver la vista atrás y ver la línea de huellas que él mismo dejaba al pasar sobre un terreno blando, pudo haber extraído la conclusión de que toda acción implicaba el paso del tiempo y la existencia de un movimiento; y, de forma metafórica, comparó la imagen de aquel rastro de pisadas con la de los surcos que un grabador va dejando sobre una matriz conforme la talla”.

Se trataba de una comparación que incidía en la esencia más básica del acto de grabar: el registro de una presión y un movimiento sobre una superficie. La huella como signo de ubicuidad, sinónimo de presencia, registro de una acción… Pero en pleno siglo veintiuno, ¿no continúa haciendo lo mismo el hombre contemporáneo, intentando plasmar su huella en el territorio que habita para que generaciones futuras puedan recordarlo? ¿No son los mensajes fotografiados por Alexis Pérez-Luna una forma de perpetuar el pensamiento de estos habitantes desconocidos y su historia?

Afirma Barthes que la fotografía es un continuo mensaje sin código, que al desprenderse de lo denotativo permite formular infinitas posibilidades de comprensión; esto es sin duda plasmado en el fotolibro Las paredes no mienten, visto como una fábula de final abierto narrada por Alexis Pérez-Luna, quien brinda un repertorio infinito de lecturas de una solitaria pero viva ciudad que graba la huella de su pasado, por muy remoto o cercano, en sus muros, tapiales, y paredes que definitivamente, parecen no mentir.

Portada de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Primeras páginas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Páginas internas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Páginas internas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Páginas internas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Páginas internas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Páginas internas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Páginas internas de Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten, Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.
Las paredes no mienten. Alexis Pérez-Luna, 2016.

 

*Las Paredes no mienten (Alexis Pérez-Luna, 2016) ha sido editado por Monroy Editor. Cuenta con textos de Douglas Monroy y Rafael Arráiz Lucca, tradución al inglés de Pedro Leonardo González, edición de textos de Ginett Alarcón, síntesis biográfica de Marisa Mena y diseño gráfico de Zilah Rojas.

 

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