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Talia, Aglaya y Eufrósine

Por Igor Barreto

En sus inicios la modernidad venezolana tuvo como modelo a Europa. Vivíamos con la aspiración del Jardín Latino. Esta postal recuerda el conjunto escultórico de Las Tres Gracias, cuyo original es obra del pintor y escultor italiano Antonio Canova, realizado entre los años 1812-1816. Esta copia (nuestra) reinventada a su vez por Pietro Ceccarelli en 1935, fue un encargo para una ciudad paracrónica, de aspiraciones neoclásicas. Luego, al concluir la Segunda Guerra Mundial el país se conjugó a las maneras de la cultura norteamericana. La pobreza continuó siendo la misma. Copia de sí misma. Pero, cuando cruzo la calle y bordeo este Jardín de sauces y fuentes, camino a la Universidad Central, no puedo sino detenerme a mirar otra vez las cabelleras desordenadas de Talia, Aglaya y Eufrósine; tal desarreglo en sus peinados es un claro detalle de inspiración helenística, lo digo por lo casual y la humanidad que ello demuestra y que tanta falta hace. Pienso en el secreto festivo y travieso que comparten estas tres hermosas jóvenes. Me agrada su belleza escultórica asociada al traspié y al discreto error. Ellas son una nostalgia monocromática.

 

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