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Metrópolis desde el olvido: Elsinor en Caracas

Por Henry Vicente Garrido

Desde el Archivo Fotografía Urbana, Lorenzo González Casas, Orlando Marín y Henry Vicente Garrido, arquitectos y profesores de la Universidad Simón Bolívar, rescatan las imágenes de arquitecturas desapercibidas. Los investigadores, en su recorrido, se han conseguido con las fotografías de autores profesionales y desconocidos que, fascinados por el desarrollo moderno, hicieron registro de construcciones fantásticas que hoy solo algunos recuerdan

Las dos imágenes del Archivo Fotografía Urbana que nos ocupan en esta ocasión muestran una insólita casa con apariencia de castillo en la capital de un país tropical. La primera sugiere que está emplazada sobre una de las colinas de la ciudad y, ciertamente, la cara posterior de la casa, que no vemos, domina el paisaje como siglos atrás lo hicieran las casas de hacienda. La segunda muestra una acumulación de volúmenes, de la que destaca una torre de base circular rematada por un chapitel cónico. Los volúmenes culminan en cubiertas a dos aguas, extremadamente pronunciadas, y en las fachadas laterales de los mismos se observan hastiales escalonados.

Las imágenes corresponden a la casa Montclair, realizada por Velutini y Bergamín C. A., firma creada en 1938 por Rafael Bergamín (1891-1970) (1), arquitecto español exiliado en Venezuela desde febrero de ese año, a raíz de la Guerra Civil Española, y los ingenieros Rafael Emilio Velutini (1911-1987) y José María Manrique, egresados en 1936 de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Manrique al tiempo dejaría la firma, que se transformaría en compañía anónima en 1944. Bergamín, nacido en Málaga el 5 de noviembre de 1891, egresó de la Escuela de Ingenieros de Montes (1917) y de la Escuela de Arquitectura (1918), ambas en Madrid. En 1928 realizó en dicha ciudad la casa del marqués de Villora, considerada una de las primeras obras racionalistas en España. Formó con Luis Blanco Soler un estudio que sería protagonista de la renovación de la arquitectura española. Varias de sus obras, como la casa Bergua-Oliván, en Zaragoza, o la casa Vega y las colonias de viviendas Parque Residencia y El Viso, en Madrid, forman parte del imaginario moderno de la España de antes de la guerra.

Velutini y Bergamín C. A. será una de las empresas de mayor expansión durante la década de los 40. De hecho, la memoria editada por la compañía en 1953 contabilizaba la construcción de cincuenta y ocho casas-quintas, setenta edificios de apartamentos, oficinas y comercios, doce edificios industriales, doce teatros-cines, ocho bancos, tres urbanizaciones, etc. Muchas de esas obras situaron a Bergamín como un arquitecto determinante en la introducción o consolidación de diversos tipos edilicios en Caracas: edificios de apartamentos con oficinas o comercios; salas cinematográficas con comercios; sedes bancarias, etc., sin olvidar la propuesta que hiciera en 1942 del Metro como solución al problema de transporte de Caracas.

Una de esas obras es la que motiva este texto: la casa realizada para Luis Enrique Pérez Velutini (1910-1991) (2) en la antigua calle La Colina, en las lomas de la naciente urbanización de Las Mercedes, desarrollo urbano que tendrá lugar sobre los terrenos de la antigua hacienda de los Eraso. Era una época de «colonización» de colinas, tal como ocurría en la vecina urbanización Bello Monte. Pérez Velutini, hijo de Henrique Pérez Dupuy (1881-1979), fundador del Banco Venezolano de Crédito (BVC) y defensor a ultranza del liberalismo económico, usaba el apellido completo de su padre. Titulado en Derecho en la Universidad de Lausanne (1932), continuó estudios en la UCV, quizá por motivos de reválida, egresando en 1933. De hecho, será uno de los abogados del BVC en el litigio ante el Banco Central de Venezuela (BCV) por la negativa de su padre a entregar el oro del banco a la recién creada institución, litigio que les sería favorable.

Casa Montclair. Reencuadre y acercamiento sobre la foto anterior, Caracas, Ca. 1953 / Fotografía de Alfredo Cortina ©ArchivoFotografíaUrbana

Casado con Carmen Pietri, será director gerente del BVC en la década de los 50, asumiendo poco a poco su conducción. Y si por un lado su padre había inculcado valores de austeridad, respeto y tradición al banco, que él trataría de preservar, de hecho, la periodista Paula Giraud Adriani, su ahijada, destacaba su «infinita sencillez» (3), por otro lado sería un apasionado de los automóviles deportivos, lo que formaba parte del contexto de los grupos de poder de la década de la dictadura perezjimenista, siendo propietario, entre otros, de un Ferrari 0759GT, adquirido a través del importador venezolano de Ferrari, Carlos Kauffmann (4). La imagen del imponente Ferrari frente a los muros de la «casa-castillo» es elocuente de las contradicciones de una sociedad, que corría en pos de la modernidad y velocidad pero que a la vez deseaba recubrirse instantáneamente de una pátina de prestigio y antigüedad, lo que muchas veces llevaba a resultados caricaturescos.

En este sentido, a pesar de la estela moderna de las obras señaladas de Bergamín, debemos recordar que su educación fue historicista y que su modelo formal de actuación era ecléctico, con la posibilidad de generar arquitecturas con una gran variedad de apariencias, lo que denotaba su predisposición a llevar a cabo los diversos tipos de manifestaciones formales que le fueran requeridos, a la par de su habilidad para resolver con solvencia cualquier «encargo». Y, sin duda, una de sus obras más polémicas será la casa de Pérez Dupuy hijo.

El proceso de diseño y construcción se llevó a cabo entre 1948 y 1951. Es decir que se inició un año después del triunfo en el litigio con el BCV y uno antes de que el patriarca Pérez Dupuy se viera involucrado en un complot contra Delgado Chalbaud que lo obligaría a exiliarse por un tiempo. Bergamín fue el responsable de la arquitectura y el ingeniero José Henrique Pérez (1913-1978), egresado de la UCV (1936), de la estructura. Pérez, parte del staff técnico de la empresa, calculó y firmó obras como el Banco de Maracaibo (5). Haciendo honor a su título de ingeniero de montes, Bergamín rodeó la casa no sólo por jardines, sino por lo que concibió como un auténtico bosque «aterrazado». El proyecto privilegió el acceso vehicular, siguiendo la curva del borde de la parcela hasta «atravesar» un arco, bajo un volumen articulado con la torre, que resguardaba una grandilocuente escalera que presidía el sector «noble» de la casa: espacios de «vida social», alguno a doble altura, que volcaban sobre espléndidas visuales. El acceso peatonal se producía igualmente pasando un arco: el arco en «chaflán» ubicado en la esquina, que conformaba una especie de nicho de entrada, del que ascendía una escalinata hacia la zona de servicio, marcada esta por una esbelta chimenea situada entre varios de esos volúmenes de cubiertas pronunciadas, que probablemente harían recordar a Pérez Dupuy hijo su estadía en Suiza. El conjunto, más que una imagen unívoca de castillo sugería un pequeño poblado, con casas y torres yuxtapuestas.

Rafael Bergamín en la torre de la casa Montclair / Fotografía de autor desconocido ©ArchivoHenryVicente

La casa, descrita como «un precioso château» (6), y conocida por el lujo de sus recepciones, sería demolida en la segunda mitad de los 90, tras ser adquirida por la Inmobiliaria Montclair C. A., presidida por Isaac Pérez Recao, cuyo nombre quedaría ligado a los sucesos de abril de 2002. El arco de entrada peatonal es lo único que sobrevive. Sin embargo, la casa no solo permanecería en el imaginario por su condición ya afantasmada de castillo, sino porque Aquiles Nazoa la asociaría a una escena de su obra de teatro Mister Hamlet, que se sucedía en la «Azotea del Castillo de Elsinor» pero que, en su defecto, sugería Nazoa, podría «usarse el de Pérez Dupuy». Una escenografía, en fin, de una historia igualmente ecléctica, en la que «hacendados» del siglo XX, dictaduras, golpes y olvidos voluntarios se siguen divisando sobre el telón de fondo.

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Notas

(1) Hicimos referencia a esta obra en el catálogo de la exposición Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio español, Madrid: Ministerio de Vivienda, 2007, de la que fuimos curador, y en la tesis doctoral que presentamos en la ETSAM: Arquitecturas desplazadas. Rafael Bergamín y las arquitecturas del exilio español en Venezuela.
(2) Agradecemos la información suministrada por Alfredo Schael y José Ignacio Cadavieco, la colaboración prestada por Faitha Nahmens, Rafael González Vivas, Alicia Monagas y Harold Sosa, así como el apoyo de Wilfreddy Herrera y, en general, del personal del Archivo de Ingeniería Municipal de Baruta.
(3) En ese momento Caracas era una ciudad automotora, como puede verse en el hecho de que existiera un concesionario de Ferrari en la capital. Ese contexto puede ser revisado en el texto de Lorenzo González Casas, Autopía: Modernismo motorizado en Caracas.(4) Orlando Marín, “Institucionalización de los estudios de arquitectura en Venezuela”, tesis doctoral en proceso.
(5) Fina de Calderón, Los pasos que no regresan. Memorias, Madrid: Huerga & Fierro Editores, 2004, p. 194

 

Lorenzo González Casas, Orlando Marín y Henry Vicente Garrido

 

 

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